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01.1ª.06 FILOGENIA EN ORL: LARINGE. PDF Imprimir E-mail
Escrito por Dr. Jesús García Ruiz   

 

 

   Para algunos autores el primer esbozo de laringe en la escala filogenética aparece en algunos peces placodermos, los cuales poseen una hendidura laríngea. Algunos peces, como los protopterus, la salida de aire desde los pulmones produce un discreto silbido mediante la constricción de pequeños haces musculares, sin que por ello se pueda hablar de órgano vocal. Para la mayoría de autores, el conjunto de los elementos que constituyen la laringe se inicia en los anfibios, mediante la aparición de un par de elementos hialinos, situados lateralmente con relación al sistema primitivo traqueobronquial.

            

                            

   En los anfibios urodelos, como la salamandra, aparecen cartílagos laterales, que prefiguran los aritenoides, y un cartílago cricotraqueal. Poseen además músculos constrictores y dilatadores. En los anfibios anuros, como la rana, las branquias existentes en el renacuajo desaparecen en el adulto y la respiración se hace únicamente pulmonar y cutánea. Su laringe está formada por un par de cartílagos semicirculares que se corresponden  con los aritenoides, bien diferenciados, y un anillo completo que se corresponde con el cricoides, un sistema dilatador y constrictor más desarrollado, pero la traquea es casi inexistente todavía. Posterolateralmente tiene un par de procesos bronquiales largos y delgados. Todo es cartilaginoso.

   Como sucede en los peces pulmonados, la respiración se efectúa mediante la inyección de un volumen de aire en los sacos pulmonares. No obstante, en los anfibios el ritmo respiratorio es mucho más elevado que en los peces, y la laringe es susceptible de producir sonidos que se emplean para una comunicación interindividual.

                                     

  

   En los reptiles, la descripción es idéntica a la de los anfibios, pero además aparece ya el hueso hioides. La respiración cutánea desaparece a favor de la pulmonar exclusiva y de la caja torácica, motor de dicha respiración. De forma paralela, la tráquea se desarrolla y se equipa con cartílagos, lo que evita su colapso respiratorio. En el cocodrilo aparece ya una tabicación muscular entre tórax y abdomen, esbozo del diafragma, que facilita una depresión torácica más acentuada durante la respiración. Contrariamente a lo que ocurre en los anfibios, la renovación del aire pulmonar es incompleta, por lo que el aire inspirado se mezcla con el ya existente en los pulmones. Otra diferencia con los anfibios es que los reptiles producen escasos sonidos, a no ser un escaso silbido originado por el paso forzado del aire a través de una laringe casi cerrada, aunque algunos cocodrilos son capaces de desarrollar una especia de gruñidos.

          

                  

   Las aves se sitúan fuera de la filiación que conduce de los reptiles a los mamíferos. Su laringe es parecida a la de los reptiles, pero carece de función vocal. En compensación, poseen un órgano vocal, la siringe, situada en el extremo caudal de la traquea, es decir, en la bifurcación traqueal. por lo que podemos deducir que está asociada con el aparato respiratorio y funciona gracias al paso de aire por ellas de manera análoga al funcionamiento de la laringe y las cuerdas vocales de los mamíferos. No todas las aves tienen siringe. La siringe está formada principalmente por los cartílagos traqueales y bronquiales, los cuales se ensanchan para formar una caja de resonancia. Unidos a estos cartílagos se encuentran varios músculos externos, los cuales tienen la función de dilatar o reducir la luz del tubo de la siringe con el objeto de regular el aire. Por la parte interna de los bronquios se encuentran uno o dos pares de membranas vibrátiles, llamadas membranas timpánicas, las cuales, dependiendo de su grosor y apertura, vibran de modo diferencial para producir los distintos sonidos. Este aparentemente sencillo sistema es el responsable de la producción de los sonidos más bellos que se dan en el mundo animal.

                                                         

  

   La laringe de los mamíferos adquiere su máxima evolución. Se caracteriza por la existencia de dos nuevos cartílagos, el tiroides, formado a partir de los arcos branquiales cuarto y quinto, y la epiglotis, procedente del sexto arco branquial. La aparición del cartílago tiroides es simultánea con el desarrollo de los pliegues vocales y de los pliegues vestibulares a los que protege. Para algunos autores el cartílago tiroides está ya esbozado en la envoltura laríngea del cocodrilo. La función vocal se amplifica considerablemente de forma paralela al crecimiento del aparato auditivo. Los pliegues vocales adquieren además una función esfinteriana más eficaz, mediante la rotación de los aritenoides por contracción muscular.

   La epiglotis facilita la separación completa entre las vías aéreas y las digestivas, sobre todo en algunas especies, particularmente en los herbívoros, en los que el tubo laríngeo asciende bastante en la nasofaringe y la epiglotis es muy grande. La epiglotis, situada por debajo del velo palatino, permite la simultaneidad de la respiración y la deglución, ya que el alimento se dirige hacia el esófago por los canales laterales faringolaríngeos. A medida que sube la escala y empieza la posición erecta, baja la laringe, disminuye el tamaño de la epiglotis  y el conjunto se hace vertical, situándose por debajo del hioides. La deglución se hace subiendo la laringe, que se adapta a la epiglotis, el hioides y la base de la lengua. La posición de la laringe condiciona igualmente el poder olfatorio, cuanto más alta mejor olfato y cuanto más baja menos poder olfatorio.

   Los primates presentan escasas peculiaridades con relación a los demás mamíferos, aunque cabe destacar un desarrollo más importante de los pliegues vocales y de los vestibulares, sin duda en conexión con la braquiación, es decir, con la necesidad de traicionar con los brazos, función propia de especies arborícolas.

   En el ser humano se aprecia una sola diferencia real, pero fundamental y que concierne a la situación de la laringe. Efectivamente, con relación a la del chimpancé, la laringe del hombre adulto está colocada más abajo, más cuadal, por lo cual la epiglotis no alcanza el velo palatino, lo que imposibilita la ejecución simultanea de respiración y deglución y, en cambio, permite que puedan producirse fenómenos de falsa ruta alimentaria. Como se expondrá más adelante, la situación de la epiglotis en el recién nacido es similar a la del chimpancé experimentando luego con el desarrollo un descenso. Esta situación más baja de la laringe determina un aumento de volumen de la cavidad faríngea, lo que facilita enormemente las posibilidades de articulación del habla.

   La capacidad fonatoria mediante el lenguaje articulado propio del hombre depende fundamentalmente del mayor grado de integración funcional de su SNC. Pero además es en el hombre donde las estructuras músculotendinosas de la laringe alcanzan su máxima complejidad.

 
Actualizado ( Jueves, 05 de Marzo de 2009 12:00 )