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La nariz es un órgano que no aparece en la escala evolutiva hasta los vertebrados inferiores. Filogenéticamente primero se desarrolló la olfacción antes que la función respiratoria nasal. En la escala animal la olfacción aparece por primera vez en los peces. estos desarrollan una placoda olfatoria externa que durante el desarrollo se va invaginando hasta contactar con el telencéfalo. Este esbozo de cavidad nasal tiene sólo una función sensorial y no tiene comunicación ni con la boca, ni con el aparato respiratorio. En los peces agnatos aparece una fosa nasal impar en la línea media de la cabeza que comunica mediante un conducto con una dilatación sacular donde hay epitelio sensorial olfatorio. Este epitelio a través de dos nervios olfatorios se conecta con el cerebro anterior. En los peces gnatostomos aparecen las fosas nasales bilaterales. Así los condroicitios presentan a ambos lados de la cabeza dos fosetas olfativas en todo parecidas a las de los agnatos, recubiertas de epitelio sensorial y situadas a ambos lados de una línea media que, en profundidad, comunica con un saco olfativo, el cual tiene además otra abertura posterior para la salida del flujo acuoso.
En los osteocitios la fosa nasal es ya un conducto completo con una abertura anterior y otra posterior, si bien su capacidad olfativa puede estar más o menos desarrollada en relación con la cantidad de epitelio sensorial del receptor periférico. El epitelio presenta cc epiteliales y caliciformes, pero no existen glándulas, ya que no son necesarias al estar el epitelio continuamente bañado por agua. Los dipnoos o peces pulmonados tienen capacidad de respirar oxígeno en épocas de sequía por un rudimentario pulmón; su fosa nasal tiene ciertas características que los asemeja a los anfibios. Tienen una abertura anterior junto al labio superior, casi a nivel del estomodeo, un canal olfatorio que transcurre por el paladar y un orificio posterior al fondo de la cavidad bucal formando una verdadera coana primitiva. En las épocas de desecación la abertura anterior queda enterrada en el moco que rodea al pez, sin ejercer ninguna función respiratoria, lo que demuestra que se trata de un órgano exclusivamente olfatorio. A partir de los anfibios, la cavidad nasal se comunica con la faringe y por tanto con el aparato respiratorio, aparecen las coanas y con ella la función ventilatoria del órgano nasal. Es decir, que a partir de aquí las fosas nasales son olfatorias y ventilatorias. Hasta los anfibios el aparato olfatorio era muy superficial, pero a partir de ellos va ganando progresivamente profundidad a través del mesénquima, presentando aberturas externas, canales olfatorios y un fondo con epitelio sensorial, que a través de nervios se relaciona con el telencéfalo. Las fosas presentan un epitelio olfatorio, que predomina en el techo, y un epitelio respiratorio en el resto. Aparecen las glándulas mucosas para humidificación del aire, y en la parte anterior de la fosa desemboca el canal lagrimal, que es un complemento para la humedad del conjunto. Al adquirir el aparato nasal función respiratoria su anatomía se complica, pues esto obliga a la aparición de estructuras turbinarias acondicionadoras del aire, lo que hace que aumente su complejidad y su superficie, pero hace que disminuya la importancia de los elementos olfatorios en favor de lo respiratorio.
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