Inicio Glosario B 05.1ª 01 INTRODUCCION.
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  • Concepto de equilibrio corporal.
  • Historia de los conocimientos de la fisiología del aparato vestibular.

                                                        

                

     CONCEPTO DE EQUILIBRIO CORPORAL.

    El EQUILIBRIO es una actividad refleja y muy compleja  de nuestro organismo, mediante la cual el ser humano puede mantener su postura corporal con respecto a la gravedad y al medio inercial, sin caer, tanto en reposo como en movimiento (estático o dinámico), y de esta forma puede percibir el entorno  y conocer la posición del cuerpo en el espacio, teniendo la impresión de estar estable y seguro.

   Por tanto el equilibrio conlleva un componente físico (estar estable) y un componente psíquico (sentirse estable). Mediante el componente psíquico se tiene conciencia de la posición que se ocupa en el espacio y del discurrir del tiempo, es lo que se ha denominado sexto sentido o sentido TEMPORO-ESPACIAL.

   El desarrollo del componente espacial de este sexto sentido, es decir, la orientación espacial, es tan necesaria para el mantenimiento del equilibrio como el componente físico que mantiene el cuerpo estable en reposo y al moverse. Orientación y equilibrio están íntimamente relacionados. La orientación espacial nos hace percibir y relacionarnos con nuestro entorno (locomoción) y es además necesaria para tener una sensación consciente e inconsciente de estar estable. El sujeto para estar equilibrado, en todo momento ha de saber donde está, en qué posición se encuentra, en qué posición se desplaza y a qué velocidad lo hace.

   Normalmente se habla de sentido del equilibrio, pero no es un término correcto, ya que no tenemos sensación consciente del mismo. Lo que sí que podemos tener, es sensación de lo contrario, es decir, de desequilibrio, cuando el sentido espacial está alterado.

   Físicamente entendemos por equilibrio el estado en que se encuentra un cuerpo sometido a fuerzas opuestas que se contrarrestan exactamente. El mantenimiento del equilibrio se logra mediante un complicado proceso neuromuscular al que se denomina equilibración. Todos los seres vivos se encuentran sometidos a la fuerza constante de la gravedad que los sujeta a la superficie de la tierra. Esta fuerza ha forzado en la escala animal a la creación de un sistema para luchar contra ella y poder mantener un equilibrio estático y dinámico. Este sistema es tanto más complejo cuanto menor es la base de sustentación de un cuerpo y más elevado está el centro de gravedad con arreglo a su base. Cumplir esta función no es tarea fácil en el hombre, ya que su base de sustentación es muy pequeña (planta de los píes) y el centro de gravedad de su cuerpo está situado muy alto con relación a la base de sustentación. Por esto el hombre es un animal pésimo para mantener el equilibrio estático y óptimo para el dinámico, ya que, si bien la pobre relación base-centro de gravedad facilita la caída, también facilita el movimiento.

   A esta dificultad que tiene el hombre para mantener el centro de gravedad dentro de su pequeña base de sustentación, pueden añadirse otras fuerzas no gravitatorias que tienden a desequilibrarlo: suelo irregular, obesidad, fuerza externas, etc.

   Estos fenómenos físicos nos hacen comprender como una de las grandes conquistas filogenéticas del hombre es la verticalización como postura básica y dinámica: puede trasladarse de pie manteniendo la posición de la cabeza y la mirada, y le permite disponer libremente de sus extremidades anteriores.

   El ser humano va adquiriendo su capacidad de equilibración mediante un aprendizaje motor. A través de este proceso se adquieren multitud de patrones, modelos y mecanismos para reajustar reflejamente y con precisión la actividad muscular en cada momento, de forma que el cuerpo esté equilibrado. Al ser fruto de un aprendizaje el control del equilibrio varía ampliamente entre personas sanas.

   El hombre al desarrollar su actividad puede encontrarse en tres situaciones diferentes: estático, cinético y dinámico. Por tanto se consideran tres tipos o formas de equilibrio: estático, cinético y dinámico.

       Equilibrio estático. Es el que precisa mantener el cuerpo humano cuando se encuentra en equilibrio de reposo, siendo entonces la gravedad la única fuerza que se lo impide.

       Equilibrio cinético. Es el que ha de mantener el cuerpo humano cuando es sometido pasivamente a un movimiento de translación. En esta situación el sistema del equilibrio ha de contrarrestar dos fuerzas desequilibrantes, la acción de la gravedad y la fuerza que origina la translación.

       Equilibrio dinámico. Es el que ha de mantener el cuerpo cuando se encuentra en movimiento al cambiar de posición en el espacio para desplazarse.

   Estas tres diferentes situaciones de equilibrio conllevan fenómenos fisiológicos complejos en los que intervienen los diferentes elementos del sistema y que se analizan en este tema.

                                                            

    La función equilibrio puede ser subdividida en dos subfunciones:

   -   El control postural: mantenimiento de una posición espacial del cuerpo y sus segmentos correcta y acorde con el entorno, en reposo y movimiento.

   -    El control de la actividad oculomotriz: garantiza la orientación espacial visual, manteniendo la fijación ocular sobre un objetivo o campo visual cuando se mueve el cuerpo o la cabeza.

    En la función equilibrio interviene todo el sistema nervioso y osteomuscular el cuerpo. El sistema nervioso dispone de complejos mecanismos en los que intervienen múltiples componentes que funcionalmente se pueden agrupar en tres partes:

                            

        Una parte sensorial, o informadora, que capta toda la información corporal periférica e interna que hace referencia con el equilibrio. No está compuesta por un receptor único, como ocurre en los demás sentidos clásicos, sino por tres: vestibular, vista y sensibilidad. Para tener una orientación espacial óptima se requiere información de todos los sentidos. Cada uno de estos tres sistemas sensoriales tiene una función específica, y la pérdida o fallo en uno de ellos, reduce la capacidad de orientación, pero no hace que llegue a perderse del todo, pues entre ellos compensan sus funciones, ya que la información multisensorial que aportan los tres sistemas es complementaria entre si y puede suplementarse recíprocamente, siendo controlada por el SNC, el cual es capaz de desarrollar mecanismos de autorregulación y autorreparación, que permiten mantener la orientación espacial y el control postural adaptándose a circunstancias ambientales sensorialmente conflictivas y compensar déficit funcionales en circunstancias patológicas. Como se expondrá más adelante, estos mecanismos de compensación pueden desarrollarse de forma espontánea y mediante estímulos específicos que favorezcan su desarrollo. 

                    

   ▪  Otra parte coordinadora-rectora-integradora, que recibe toda la información que le proporciona la parte sensorial, la analiza e integra y que está representada en primer lugar por los NV centrales y más superiormente por otros centros del SNC con función equilibratoria: tronco encéfalo, cerebelo, sustancia reticular y córtex. Estos centros emiten respuestas reflejas a los músculos posturales para el mantenimiento del equilibrio, a tenor de las sensaciones recibidas y proporcionan conciencia de la posición en el espacio.

                          

        Una tercera parte terminal, o motora, que se encarga de ejecutar las reacciones motoras compuesta por el sistema musculoesquelético, materializando las respuestas posturales trasmitidas por dos efectores principales: el circuito de la oculomotricidad conjugada y el circuito de la motricidad somática.

    Los elementos anatómicos que intervienen en el equilibrio funcionan como un todo armónico mediante una intrincada red de circuitos funcionales, que de forma refleja e inconsciente, realiza la función de mantener el esquema mental del cuerpo y del entorno que lo rodea para que el sujeto se sienta orientado temporoespacialmente y de mantener en equilibrio físico el cuerpo, tanto estáticamente como en movimiento. Estos circuitos se comportan funcionalmente como circuitos biocibernéticos retroactivos de autocontrol.

   Estos sistemas de autocontrol rigen el mantenimiento de una determinada actitud del cuerpo, estática y dinámicamente, corrigen errores involuntarios, coordinan las distintas reacciones de reajuste del equilibrio y al mismo tiempo informan a nuestra inteligencia a cerca de la relación que los distintos segmentos corporales guardan entre sí y de nuestra orientación en el espacio.

   La fisiología del equilibrio se materializa finalmente en el mantenimiento y regulación del tono muscular básico que es en definitiva el que mantiene el cuerpo en equilibrio en condiciones de reposo. En condiciones de movimiento, o ante la aparición de fuerzas desequilibratorias, aparecen reflejos modificadores del tono básico y acciones motrices voluntarias.

   Otros sentidos, como oído y olfato, aunque de forma indirecta, ayudan a la formación de la conciencia témporo-espacial, captando información exterior y enviándola a los centros superiores para su codificación e integración con el resto de la información.

   El correcto funcionamiento de este sistema precisa además de la ayuda indirecta de una serie de procesos metabólicos, hormonales e inmunológicos: consumo de energía, conversión de energía mecánica en nerviosa, mantenimiento de gradientes iónicos, etc., procesos que son mediados por factores bioquímicos.

   Todo este conjunto supone que estén implicados en el correcto  funcionamiento del equilibrio otros sistemas corporales con órganos como el riñón, el hígado,  el tiroides, las glándulas adrenogenitales, la pituitaria y el hipotálamo.

   El estudio de la fisiología del SV como pieza básica del complejo sistema de regulación del equilibrio corporal es difícil por varias razones:

   - se encuentra encerrado en un caparazón óseo;

   - forma parte de todo un sistema con un fin común, resultando difícil de delimitar su función propia;

   -  Su importancia es diferente en las diversas escalas de la serie animal según sus condiciones de vida: acuática, aérea y terrestre.

                                       

   HISTORIA.

   El conocimiento de la fisiología del equilibrio es relativamente reciente, comienza en el siglo XIX. A finales del siglo XVIII se llega a un conocimiento casi completo de la anatomía del laberinto, pero en ese tiempo el conocimiento de la fisiología laberíntica, vestibular y en general del equilibrio humano era mínima y todos los trastornos del equilibrio se achacaban a enfermedades del SNC, concepto que persistió durante todo el siglo XIX y que reflejaba, más que otra cosa, una falta de conocimiento casi total de la fisiología del equilibrio corporal. Se propusieron conceptos fisiológicos tan equivocados como que los CS intervenían en la percepción del sonido, que el sentido del movimiento estaba mediado por receptores de presión cutáneos o cambio en el flujo sanguíneo, etc. Fue Meniére el primero en indicar que los trastornos vertiginosos tenían su origen en el oído interno y no en el SNC.

    Los primeros conceptos que se tuvieron de la fisiología vestibular datan del siglo XVIII y eran totalmente erróneos. Aunque ya estaban bien avanzados los conocimientos de anatomía del laberinto posterior, por necropsias en animales e incluso en el hombre, a este órgano se le atribuía una función auditiva como al caracol, y así Scarpa en el año 1772, suponía que los sonidos transmitidos por vía aérea eran percibidos en la cóclea, asignando al laberinto posterior la percepción por vía ósea. Un siglo después, Verney atribuía a los CS con su extremidad ampular dilatada en forma de trompeta una función de resonancia, siempre dentro de la función auditiva.

    Estos conceptos erróneos comienzan a cambar un poco durante el siglo XIX, siglo en el que se crea la especialidad de Otorrinolaringología, siendo Marie-Jean Pierre Flourens (1794-1867) quien primero comunica datos científicos sobre la fisiología del SV y desvela su función, aportando los primeros datos científicos de que los CS están íntimamente relacionados con la regulación del equilibrio. Observó como al lesionar un canal se producian alteraciones en los movimientos de la cabeza, cuerpo y ojos, que siempre ocurrian  en el palno espacial correspondiente al canal lesionado. Este hecho  se le conoce en la clinica otoneurologica como Ley de Flourens. Pero las observaciones realizadas por Flourens se diseminaron muy lentamente en la comunidad médica, de tal modo que durante la segunda mitad del siglo XIX seguía existiendo una falta de conocimiento de la fisiología del equilibrio y especialmente de la vestibular. Así, Purkinje en 1825, practica la prueba rotatoria y hasta la galvánica, observando la aparición de vértigo y nistagmus, pero sin relacionar bien estos fenómenos con el laberinto posterior.

   Fue preciso llegar a 1861, cuando Menière dio un paso definitivo al localizar en el laberinto posterior la causa de los trastornos vertiginosos. Fue providencial que aquella jovencita que viajaba en la diligencia sufriera fuerte catarro con la aparición de violentos vértigos, sordera y zumbido de oídos, y que falleció; practicada la necropsia apareció hemorragia en el laberinto posterior, responsabilizándose a éste de dichos síntomas.

    En 1870 Friedrich L. Goltz, científico de Estrasburgo, concluyó que los CS sólo intervenían en el equilibrio y no participaban en la audición. Demostró que el movimiento del líquido endolinfático en los CS estimula las ampollas.

   En estos años otros autores como Ernst Mach, Joseph Breuer y Alexander Crum-Brown se añadieron a sus hallazgos. Mach practica con atención la prueba rotatoria y observa que al aumentar la velocidad el sujeto tiene sensación de giro, que desaparece con la velocidad uniforme y reaparece al desacelerar o parar, pero este giro es de sentido contrario al primero. Observó que el giro subjetivo dependía de la posición de la cabeza, llegando a describir el vértigo de Coriolis, cuando sin variar la velocidad uniforme con sólo variar la posición de la cabeza aparecía la sensación de giro.

    Además, otros investigadores al mismo tiempo investigaban las reacciones estáticas y posturales del equilibrio, la tonicidad muscular y los reflejos para compensar cambios en el movimiento del cuerpo. Ewald, con su famoso martillo neumático, lo experimenta en los animales y dicta sus tres leyes ya clásicas y que hoy el M/E ha confirmado por la valoración del quinocilio en las distintas ampollas. Le llama laberinto del tono por la acción permanente de éste sobre la musculatura corporal.

   La escuela holandesa fue la primera que se ocupó del estudio del sistema otolítico, destacando Magnus, De Kleyjn y Quix. Para Magnus sería la tracción de los cilios por los otolitos los que desencadenarían la excitación. En cambio, Quix opina que sería la presión de los otolitos lo que desencadenaría la excitación. Hoy creemos que, como órgano mecanorreceptor, cualquier acción de presión, tracción, torsión, etc., de los cilios sensitivos será capaz, en determinado grado, de desencadenar corrientes bioeléctricas que impresionaran los centros.

   Se puede decir que a finales del siglo XIX la investigación sobre la fisiología del equilibrio estaba ya en la dirección correcta. La principal diferencia de las muchas teorías propuestas fue el sistema empleado por cada investigador para explicar el mecanismo fisiológico que desencadenaba esas funciones.

                                        

   Históricamente, la fisiología del equilibrio corporal y especialmente la del sistema vestibular sufre un autentico impulso gracias a los esfuerzos de Robert Barany (1876-1936), quien realizó avances fundamentales en la primera mitad del siglo XX. Fue entrenado por Adam Politzer, padre de la otología moderna, y en la Universidad de Viena introdujo las pruebas calóricas, galvánicas, la de la fístula, correlacionó diferentes formas de nistagmos con enfermedades vestibulares y exploró la relación de los CS con el SNC. Fue galardonado con el Nóbel de Medicina en 1915, de lo que se enteró por un prisionero ruso, ya que había sido reclutado por el ejército austriaco durante la Primera Guerra Mundial, después pasó el resto de su vida profesional en la Universidad de Uppsala. Sus trabajos han inspirado a una generación de clínicos y científicos dedicados al estudio de SV.

   Hoy en día, la fisiología del equilibrio corporal es todavía un campo de investigación inagotable.

Actualizado ( Martes, 07 de Febrero de 2012 21:23 )
 
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