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La incidencia de los TCE, con o sin afectación del oído, ha experimentado un considerable aumento debido al desarrollo industrial y a los cambios sociales modernos. La mayor parte son consecuencia de accidentes de tráfico. En España se producen unos 80.000 accidentes de tráfico anuales con cerca de 40.000 heridos graves, siendo España, Portugal y Grecia los tres países de la CEE en los que éstos siguen aumentando. Se calcula que el 10% de las camas de un hospital están ocupadas por pacientes relacionados con este problema. La incidencia es mayor en gente joven. Las lesiones producidas a nivel del oído pueden revestir diferente importancia, desde un simple hematoma de pabellón auricular, hasta una fractura de hueso temporal con pérdida total de la función auditiva y vestibular. La mayor supervivencia de los pacientes politraumatizados ha incrementado, a su vez, el porcentaje de los que requieren un tratamiento específico de sus lesiones auditivas y vestibulares. La patología traumática del oído puede requerir de una valoración médico-legal de secuelas por parte del O.R.L.. El diagnóstico de las lesiones traumáticas del oído se ha visto enriquecido en los últimos años por las modernas técnicas de imagen, exploración vestibular y potenciales evocados. De las nuevas técnicas de imagen, la más adecuada para visualizar lesiones otológicas traumáticas es el TAC en su modalidad de alta resolución. La RM es útil en el estudio de las complicaciones intracraneales. Para no hacer demasiado extenso el tema, se han omitido algunos traumatismos poco frecuentes, como las heridas por arma de fuego.
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