TRAUMATISMOS DEL PABELLÓN AURICULAR
 

 

Tema 22 - TRAUMATISMOS DEL OÍDO 
 
 Dr. Jesús García Ruiz.
 
 
 
 
22.2   TRAUMATISMOS DEL PABELLÓN AURICULAR Y CAE.
 
 
   El relieve que hace el PA y su ausencia de protección hacen que esté expuesto a traumatismos que pueden ser desde la simple contusión, hasta la amputación completa.
 
 
   OTOHEMATOMA (hematoma auris).
   El hematoma del PA está constituido por una colección de sangre, o serosanguínea, producida postcontusión, que queda acumulada entre el pericondrio y el cartílago.
 
   Etiología:
   Está producido por contusiones o aplastamientos del PA contra el cráneo, especialmente golpes tangenciales en el transcurso de deportes, actos de violencia, determinadas profesiones, etc.
   Después de un primer hematoma, un trauma de menor intensidad provoca su repetición.
 
   Fisiopatología:
   Recién producido está constituido por sangre líquida, coágulos y suero. Dejado a su evolución espontánea, al pasar los días, el suero toma aspecto sanguinolento y los coágulos se organizan, originando engrosamiento y deformidades cicatriciales del PA más o menos evidentes.
   En los traumatismos muy fuertes puede destruirse cartílago con la consiguiente deformidad y degeneración fusionándose a los planos vecinos.
 
   Clínica:
   Tras un traumatismo, que algunas veces puede ser poco importante, aparece una tumefacción de consistencia blanda, con piel brillante, distendida, fondo rojo-azulado-violáceo, localizada generalmente en los dos tercios superiores de la cara externa del PA, que contrasta con la normalidad de la concha y el lóbulo. En algunos casos la lesión puede ser muy extensa, haciendo desaparecer el contorno normal del pabellón.
   Si se forma lentamente, puede ser indoloro, pero si es consecuencia de un golpe importante, se desarrolla rápidamente y suele ser doloroso.
 
   Diagnóstico:
   Diferencial: con celulitis, pericondritis y policondritis recidivante.
 
   Complicaciones:
   Pericondritis: es la inflamación del pericondrio, se ha de sospechar por el aspecto de la lesión, forma una bolsa abcesificada y dolorosa de pus. Su prevención aconseja realizar los drenajes hemáticos con buena asepsia y administrar profilaxis antibiótica.
   Oreja en coliflor u oreja de luchador: si el hematoma no es evacuado, se hace duro, tiende a organizarse, el cartílago se engruesa y puede dejar como secuela esta deformidad del PA. Puede ser reparada por el cirujano plástico, afinando el cartílago engrosado y colocando un injerto de piel.
 
   Tratamiento:
   Los hematomas grandes deben de ser evacuados, previa anestesia local y en condiciones de asepsia, a través de una incisión que siga el contorno del hélix a medio centímetro por dentro de su cara externa, o bien en la zona más declive del otohematoma. La incisión ha de ser tan grande como sea necesaria para evacuarlo totalmente, se aspira la sangre, se extraen los coágulos y los trozos de cartílago fragmentados si los hubiese.
   Tras un lavado se sutura. También se puede dejar un drenaje de Penrose o una gasa mechada impregnada en antibióticos. A continuación se aplica un vendaje compresivo que evite su recurrencia.
   Los hematomas medianos puedan tratarse con punción-aspiración y compresión. Se ha de tener cuidado de que la aguja no penetre en el cartílago. Este método puede dar resultado en algunos casos, pero es probable que haya una recrudescencia, teniendo que repetirla, o incluso finalmente, recurrir al drenaje.
   Hacer siempre profilaxis antibiótica de pseudomona con quinolonas.
 
 
   HERIDAS DE PABELLÓN AURICULAR.
   Las heridas del PA se diferencian, en base a su tratamiento, en lesiones con pérdida y sin pérdida de sustancia.
   Se producen en accidentes de tráfico, lo más frecuente, deportes violentos, accidentes de trabajo y mordeduras humanas o de animales.
 
   Heridas sin pérdida de sustancia:
   El grado de lesión puede ser muy diverso: simples lesiones de la piel, heridas limpias incisas, más o menos penetrantes, heridas contusas, aplastamientos, separaciones más o menos totales del lóbulo. Son muy frecuentes los desgarros del lóbulo producidos por pendientes.
   Complicaciones:
   Pericondritis: el cartílago puede contaminarse cuando se queda expuesto o dañado. Las consecuencias son deformidades cicatriciales con achicamiento de la oreja. Siempre se ha de preservar al máximo el pericondrio para evitar la posible necrosis del cartílago.
   Queloides: pueden formarse en el lóbulo.
   Tratamiento:
   Desinfección y limpieza cuidadosa controlando que no queden cuerpos extraños, si es necesario, hacer un mínimo desbridamiento.
   Tratamiento quirúrgico siempre con criterio conservador. Infiltración previa de los surcos aurículo-cefálicos anterior y posterior, luego infiltración de los bordes de la herida con anestésico local+vasoconstrictor (bupivacaina al 1/100 y adrenalina 1/200.000 + 1 m.q. de bicarbonato sódico).
   Sutura cuidadosa, procurando que cartílago y pericondrio queden bien cubiertos. Seda de 000 y retirada de puntos al 5º día. La rica vascularización del PA favorece los buenos resultados.
   Profilaxis antitetánica y antibiótica (quinolonas).
   Especial cuidado con heridas que afectan al meato ya que pueden complicarse con estenosis cicatricial, siempre temible. Para su prevención, tras la reconstrucción, se deja un taponamiento dentro del CAE y se vigila la herida. Al cicatrizar se pueden formar bandas fibrosas en profundidad que han de ser extirpadas en un segundo tiempo quirúrgico, ya que pueden ser origen de bolsas epiteliales colesteatomatosas.
 
   Heridas con pérdida de sustancia:
   Las heridas del PA con pérdida de sustancia pueden ser tratadas por el O.R.L., o bien ser remitidas al cirujano plástico cuando es previsible una importante reconstrucción, ésta puede ser una auténtico reto, al tratarse de un órgano simétrico, con importantes relieves cartilaginosos muy adheridos a la piel y difíciles de reproducir.
   Tratamiento:
   Existen múltiples técnicas de reconstrucción pudiendo ser necesaria la aplicación de colgajos e injertos.
   En abrasiones importantes con gran exposición de cartílago al exterior, puede ser útil sepultar la oreja debajo de la piel postauricular para reconstruirla después.
   Lóbulo de la oreja: la exéresis total o parcial puede ser tratada mediante plastias de  tejidos subauriculares avanzadas.
   Borde del hélix: defectos en los bordes menores de 1 cm, se realiza incisión en cuña y avance con sutura directa. Cuando la pérdida es mayor de 1 cm, incisión en cuña con dos triángulos de descarga a nivel del ángulo de la cuña. Esta misma técnica puede exigir un injerto compuesto extraído de la otra oreja, quedando ambas reducidas de tamaño.
   Las pérdidas de sustancia condrocutáneas mayores, de la concha, del tercio superior o del tercio inferior, exigen de colgajos por parte del cirujano plástico y técnicas de reconstrucción similares a las utilizadas en las aplasias. La porción del PA amputada, si es posible, se ha de conservar para aprovechar el cartílago en la futura reconstrucción con injertos.
 
   Amputación traumática del pabellón auricular:
   Si la amputación es incompleta, quedando un pedículo nutricio, existe la posibilidad de reimplantación con éxito mediante una minuciosa sutura.
   Si la amputación es completa: sólo en casos excepcionales de pronta reimplantación, mediante técnicas microvasculares, puede intentarse la sutura, si bien con frecuencia conduce al fracaso. Es más aconsejable conservar el esqueleto cartilaginoso de la oreja arrancada en un medio de nutrición (solución salina fisiológica helada),  previamente desbridada la piel, para utilizar luego el esqueleto cartilaginoso como armazón del PA a reconstruir con injerto cutáneo libre. El cartílago se puede guardar bajo la piel mastoidea, abdominal o torácica. Es necesario que la pieza no esté infectada o isquémica. La herida se sutura, y pasado un año, con el cartílago conservado se realiza la reconstrucción, generalmente previa utilización de expansores cutáneos que proporcionan la piel necesaria.
   Para estos casos queda finalmente la posibilidad de prótesis.
 
 
   QUEMADURAS DEL PABELLÓN AURICULAR.
   Es raro que se produzcan de forma aísla en el PA, presentándose generalmente junto a lesiones más extensas. Pueden ser debidas a fuego, líquidos calientes, exposición al sol o corriente eléctrica.
   Primer grado: eritema, oreja enrojecida, caliente y pruriginosa. Aplicación de cremas.
   Segundo grado: grandes vesículas. Evacuación aséptica.
   Tercer grado: necrosis por carbonización, pudiendo afectar toda la estructura, piel y cartílago. Resección tejido necrosado y reconstrucción plástica posteriormente.
   Hacer profilaxis antibiótica. Vigilar las quemaduras del meato para prevenir posibles estenosis.
 
 
   ERITEMA PERNIO: sabañones.
   Lesión por vasoconstricción al frío. Se produce lesión anóxica de los capilares y exudación. Produce escozor, quemazón y dolor a la palpación.
   Prevención cubriéndose del frío.
   El escozor se alivia con pomadas de mentol y eucaliptol, ocasionalmente vasodilatadores.
   Como secuelas, en pacientes ancianos, pueden dejar calcificaciones del pabellón.
 
 
   CONGELACIONES DEL PABELLÓN AURICULAR.
   La congelación da al PA un aspecto blanco y sólido.
   1º grado: palidez, insensibilidad, prurito y pinchazos.
   2º grado: edema, vesículas y flictenas.
   3º grado: necrosis aséptica.
 
   Tratamiento:
   Deshelar mediante compresas de agua caliente. Según se va descongelando la oreja se pone rubicunda, pudiéndose observar con claridad la línea de demarcación entre el tejido congelado y el sano. El fenómeno es doloroso exigiendo analgesia. El calentamiento ha de ser progresivo y nunca con calor seco, nieve o hielo.
   Profilaxis antibiótica y ocasionalmente vasodilatadores.
   El desbridamiento quirúrgico debe posponerse, ya que la demarcación final del área necrosada puede tardar meses en aparecer.
 
 
   LESIONES TRAUMATICAS DE LA PIEL DEL CAE.
   Son pequeñas erosiones o abrasiones casi siempre iatrógenas, producidas por arrascado o maniobras para extracción de cuerpos extraños.
   Producen dolor y hemorragia, pero a pesar de lo alarmante que es para el paciente la presencia de sangre, dichas lesiones son sólo epidérmicas y no tienen importancia.
   La evolución normal, si no se infectan, es la curación espontánea. La pérdida parcial de piel no requiere injerto, se regenera pronto espontáneamente.
 
   Tratamiento:
   Cuidadosa exploración con microscopio, limpieza del CAE por aspiración evitando cualquier maniobra intempestiva. En caso de grandes heridas puede ser necesario la oclusión del CAE con gasa impregnada en pomada antibiótica. Vigilar la aparición de signos infecciosos.
   Aconsejar cuidados higiénicos otológicos: no entrada de agua. Aplicación de unas gotas antisépticas.
 

                                                                                                                    


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