TRAUMATISMOS DEL OÍDO POR ONDA EXPANSIVA Y RAYO
 

 

Tema 22- TRAUMATISMOS DEL OÍDO
 
Dr. Jesús García Ruiz.
 
 
 
 
22. 7   TRAUMATISMOS POR ONDA EXPANSIVA Y RAYO.
 
 
 
   BLAST AURICULAR.
 
   Las lesiones producidas en el oído por efecto de una explosión se enmarcan dentro del síndrome de onda explosiva o blast injury, que agrupa el conjunto de lesiones corporales por el efecto expansivo de una explosión.
   En este síndrome oído medio e interno sufren una barotraumatismo que se denomina blast auricular
   Los blast pueden estar producidos por transmisión aérea que es lo más frecuente o por transmisión acuática (blast inmersión).
 
   Fisiopatología:
   La explosión produce un movimiento de la masa de aire que forma una onda de choque con presión positiva, desplazándose a la velocidad del sonido y a la que sigue una onda de succión o de presión negativa. Si la explosión se produce en un lugar cerrado el fenómeno es más intenso por la reverberación de la onda al chocar con las paredes. Las lesiones producidas van a depender de las características físicas de la onda de choque: duración, intensidad, velocidad de propagación, distancia al epicentro, protección mecánica.
   La onda expansiva produce cuatro tipos de efectos: primarios, que son los producidos por el choque de la onda con el cuerpo y entre estos se encuentran los del oído; secundarios, los producidos por la proyección de otros objetos que golpean contra la víctima; terciarios,
por la proyección de la misma víctima; cuaternarios o derivados del accidente como quemaduras, aplastamientos, intoxicaciones por gas, etc.
   Dependiendo de estas condiciones físicas el blast puede llegar a ser generalizado e inmediatamente mortal. El blast generalizado puede producir lesiones pulmonares, abdominales,
cerebrales, oculares y auditivas que son las que nos interesan.
   Las lesiones de oído van a ser debidas a los cambios de presión atmosférica y al trauma sonoro que las acompaña. El paso brutal de la onda de hiperpresión produce un barotrauma del oído medio que puede ser causa de rotura de la membrana timpánica, dislocación o fractura de la cadena de huesecillos y conmoción laberíntica. En el oído interno, al chocar la onda de presión, se producen alteraciones en la composición iónica de los líquidos, desgarros de las membranas, hemorragias intralaberínticas, lesiones en las sinapsis nerviosas o incluso rotura de ventanas. Se produce una reacción inflamatoria y edematosa del oído interno. El trauma sonoro que acompaña a la explosión produce los efectos descritos en el capítulo anterior.
   Las lesiones producidas por introducción de gas o agua a presión en el CAE, no se consideran como lesiones por blast, sino por trauma directo.
   Pueden producirse como resultado de un único y gran estímulo, en el que la duración dela fase positiva es mayor de un milisegundo, o bien puede resultar de un estímulo repetido, en el que cada una de las fases positivas tiene una duración menor de un milisegundo. El repetitivo es típico de los cazadores.
   Un oído está generalmente más afectado que el otro.
   Tres son los factores físicos que determinan con una relación directa el efecto del blast auditivo: rapidez con que se eleva la presión, presión que alcanza la fase positiva al chocar con el oído y duración de la fase positiva.
   La intensidad de la onda decae rápidamente con la distancia, por lo que las personas más cercanas a la explosión sufren las lesiones más graves. Así la incidencia de perforaciones timpánicas decrece a medida que nos alejamos de la explosión y es lo normal que sufra más lesiónn el oído más cercano a la explosión. La membrana timpánica se rompe a una presión de 5 libras por pulgada cuadrada, ésta es cinco veces superior a la que rompe un cristal de ventana.
   Como ocurre en el trauma sonoro, existen factores individuales de resistencia a la hiperpresión: juventud, oídos perforados, integridad del sistema osicular. Las lesiones auditivas suelen ser mayores en sujetos con defecto auditivo previo.
 
   Clínica:
   Puede presentarse en el contexto de un politraumatismo, o bien como un blast auricular aislado.
   El paciente referirá como en el momento de la explosión percibió un ruido metálico de gran intensidad, alcanzando el umbral doloroso, comparable al del trauma sonoro agudo.
   Otodinia, que a veces se percibe en forma de hiperacusia dolorosa.
   Hipoacusia, no falta nunca, siendo su evolución hacia una recuperación espontánea.
   Acúfenos: no suelen faltar, siendo su intensidad paralela a la hipoacusia. 
   Crisis vertiginosa: nunca suele ser intensa, es de tipo irritativo, reversible y de corta duración. Se producen por conmoción laberíntica o por lesión cerebral asociada.
   Estos síntomas no son progresivos.
 
   Exploración:
   El PA puede presentar lesiones secundarias o terciarias, como quemaduras, cuerpos extraños, etc.
   Otoscopia: membrana timpánica aparece como normal, hiperhemia o con sangrado subepitelial, raramente hemotímpano. Puede aparecer rotura de la membrana timpánica de todo tipo, desde una simple perforación puntiforme, lineal, redondeada, hasta destrucciones subtotales. Son menos frecuentes en niños pues la membrana timpánica es más resistente.
   Otolicuorrea : es indicativa de rotura de ventanas.
   Paresia facial: puede aparecer en el blast generalizado como consecuencia del blast cerebral.
 
   Pruebas complementarias:
   Audiometría que puede mostrar:
- Hipoacusia perceptiva comparable a la de un trauma sonoro, pudiendo ir desde una simple afectación en la frecuencia 4000 Hz, hasta una cofosis total.
- Hipoacusia de transmisión pura, por afectación solamente del aparato tímpano-osicular.
- Hipoacusia mixta, es la que aparece en la mayoría de los casos. La afectación cóclear no está atenuada, paradójicamente, por la importancia de la lesión transmisiva.
 
   Evolución:
    Depende de la intensidad del traumatismo. Si es moderada la recuperación puede ser total en 24 horas.
    La evolución de la perforación timpánica se expuso en el capítulo 3. Pueden presentarse perforaciones timpánicas secundarias en tímpanos inicialmente equimóticos.
    Respecto a la hipoacusia hay una buena recuperación espontánea para las frecuencias habladas, aunque puede quedar un déficit residual para las frecuencias agudas. El mayor porcentaje de recuperación se da en las primeras semanas. En algunos casos la cofosis ha podido recuperarse con tratamiento urgente.
   Los acúfenos suelen tener una evolución paralela a la hipoacusia, pueden desaparecer, o no, siendo la secuela más frecuente. En los casos que desaparecen hay recuperación de la audición.
   Los trastornos del equilibrio suelen desaparecer en uno o dos días. Siempre se ha de tener presenta la posibilidad de que se haya podido producir una fístula. Puede persistir un síndrome postconmocional periférico de tipo posicional paroxístico benigno.
 
   Tratamiento:
   Siempre es necesario tratarlo de forma inmediata, aún en los casos de grandes “blast injury”, en los que el tratamiento del mismo puede retrasar el otológico. Se ha de tener en cuenta que está comprometido  el porvenir funcional del oído.
   Reposos en cama, con cabeza elevada.
   Limpieza aséptica del CAE.
   Hipoacusia neurosensorial: según el grado de afectación se aplicará el protocolo de reanimación coclear como en los traumas sonoros agudos, e un intento de disminuir los fenómenos inflamatorios y aportar más oxígeno al órgano dañado: vasodilatadores + dextranos + corticoides.
   En los casos de lesión en grado moderado el tratamiento es ambulatorio, similar al trauma sonoro agudo.
   Se han de utilizado también la histamina y el gas carbógeno.
   El tratamiento de las lesiones del oído medio, tanto inmediato como de las secuelas, ya se ha expuesto en los capítulos precedentes.
   Prevención: ésta se puede hacer cuando se realizan deflagraciones controladas. Se utilizan cascos protectores; cuando se trata de personal que tiene que comunicarse entre sí (policía, militares, etc), se colocan cascos protectores con un pequeño orificio central, rodeados por una almohadilla de goma que permite el paso de las frecuencias habladas, pero que hacen de barrera frente a la onda expansiva.
 
 
   LESIONES ÓTICAS POR RAYO (lightning injuries).
   Las lesiones por rayo más frecuentes, en la esfera O.R.L., ocurren a nivel del oído.
 
   Fisiopatología.
   El agente causal es la corriente eléctrica generada por un rayo. Esta actúa durante milésimas de segundo pudiendo hacerlo de forma directa, o indirecta, mediante algún sistema de derivación.
   A nivel del PA pueden producirse quemaduras. A nivel timpánico produce lesiones traumáticas como perforación, hemorragias y otras microlesiones vasculares con la consecuente hipoacusia de transmisión.
   En el oído interno, en los estudios postmorten, se han observado rotura de las membranas, edema, hemorragias y posteriormente degeneración de las estructuras neuroepiteliales vestibulares con la consiguiente hipoacusia neurosensorial. A nivel del VII par puede producirse edema y lesiones de las cc ganglionares. Todas estas lesiones serían responsables de una hipoacusia neurosensorial y acúfenos.
   También se pueden producir microfracturas de la cápsula ótica que pueden dar lugar a la aparición de crisis vertiginosas, si bien el compartimento vestibular es el más preservado.
   La situación en que se produce con más frecuencia este accidente es cuando se mantiene una conversación telefónica en el momento de la descarga eléctrica. A la energía eléctrica se le suma el efecto de una onda de presión sonora de unos 150-160 dB, que capaz de producir, por sí sola, lesiones en los tres niveles del oído.
 
   Clínica.
   En los casos de supervivencia al accidente suele tratarse de un paciente en estado de coma o con graves lesiones neurológicas. Es raro que las lesiones sean puramente otológicas.
   La hipoacusia inmediata puede ser progresiva, más raramente es de aparición tardía.
  
   Tratamiento.
   Se aplican las medidas de los traumatismos otológicos ya expuestas en el blast y trauma sonoro.
 
 
    LESIONES DEL OIDO POR RADIACIONES IONIZANTES.
    Los tratamientos de radioterapia de los cánceres de cabeza y cuello pueden afectar al oído produciendo:
          Radionecrosis de algún huesecillo, sobre todo de la rama larga del yunque.
          Hipoacusia neurosensorial por lesión de las cc externas de la espira basal.
 

                                                                                                                   


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