- TRAUMATISMOS
DEL SISTEMA DEL EQUILIBRIO
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- Tema
22- TRAUMATISMOS DEL OÍDO
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- Dr.
Jesús García Ruiz.
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- 22.10.- TRAUMATISMOS DEL SISTEMA DEL
EQUILIBRIO.-
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Es raro que tras un TCE severo el equilibrio corporal quede indemne.
Las lesiones más frecuentes y más complejas ocurren en los TCE cerrados y
puede no haber paralelismo entre el daño craneal y cerebral.
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Se calcula que el 50% de los TCE presentan en
su evolución algún tipo de trastorno audiológico y del equilibrio, aunque
no impliquen fractura del hueso temporal. Se da la paradoja de que la cóclea
es un órgano mucho más sensible que el vestíbulo ante un traumatismo, sin
embargo, clínicamente, son mucho más frecuentes los desórdenes
vestibulares que los cocleares después de un TCE.
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Las lesiones traumáticas pueden ser tan
severas que en el período inmediato al TCE los síntomas otoneurológicos
quedan relegados a un segundo plano, pudiendo luego constituir un problema
serio, en la fase posterior de recuperación.
- Los
trastornos del equilibrio postraumáticos pueden estar producidos por
diversos mecanismos fisiopatológicos y que para su estudio se diferencian
según la localización del área predominantemente lesionada en:
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Laberinto:
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- Conmoción o concusión laberíntica.
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- VPPB postraumático: <tema 20>.
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- Barotraumatismos, traumatismo acústico agudo
y blast auricular.
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- TCE con fractura del hueso temporal: daño
vestibular y del nervio.
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- Rotura de ventanas oído medio: fístulas
perilinfáticas.
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- Destrucción vestibular por trauma directo:
arma de fuego.
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- ▪
Cervical:
- Síndrome cervical postraumático (whiplash): <tema 21>.
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- ▪
Troncoencéfalo-cerebelo:
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- Traumatismo de los órganos centrales del equilibrio
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- ▪
Encéfalo:
- Síndrome postraumático subjetivo.
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ALTERACIONES DEL EQUILIBRIO EN LOS TCE.-
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En el trascurso de los grandes TCE, en el 15-20% de los casos, aunque
no se produzca fractura ósea, la onda de choque traumática puede afectar
al contenido cerebral produciendo lesiones de diverso grado, tanto en los órganos
periféricos como centrales del equilibrio-audición: cerebro, cerebelo,
troncoencéfalo y vías centrales. Nos referiremos a la las lesiones y
manifestaciones clínicas de los centrales. Lesiones centrales y periféricas
suelen superponerse, ya que un traumatismo que es capaz de producir lesiones
centrales, es lo más frecuente, que a la vez afecte también a los
receptores vestibulares periféricos intra-craneales, pudiendo producir
conmoción laberíntica o VPPB postraumático.
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En los trastornos del equilibrio corporal post-TCE,
se pueden presentar dos situaciones clínicas:
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- Lesiones traumáticas sobre los mecanismos centrales del equilibrio:
en los TCE cerrados se produce una concusión o contusión cranéana. Con
este término se entiende la contusión violenta que no se manifiesta por
signos externos de traumatismo, solo produce lesiones microscópicas de los
neurotejidos no visualizables por imagen, pero objetivables mediante
exploraciones funcionales complementarias. No se evidencia una focalidad clínica
neurológica pero la exploración otoneurológica complementaria se muestra
signos de anomalías en el equilibrio de origen central.
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- Síndrome postraumático subjetivo:
se denomina así al cuadro clínico que de forma subjetiva refiere el
paciente tras haber sufrido un TCE, sobre todo si ha sido severo. Su
conocimiento tiene interés para el O.R.L. porque al ir siempre acompañado
de algún tipo de trastorno del equilibrio, va a ser consultado. Clínicamente
puede ser similar al anterior, pero se diferencian por que en éste no es
posible objetivar signos otoneurológicos. Se trata siempre de un conjunto
abigarrado de síntomas subjetivos como cefalea, vértigo, inestabilidad,
hipoacusia, insomnio, depresión-ansiedad, pérdida de memoria y falta de
concentración, siendo imposible de evidenciar signos funcionales objetivos
que nos identifiquen un origen orgánico del cuadro.
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TRAUMATISMOS
DE LOS ÓRGANOS
CENTRALES DEL EQUILIBRIO.-
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La valoración de un paciente con trastornos del equilibrio post-TCE
ha de tener en cuenta que el origen de los mismos puede estar tanto en los
órganos centrales como en periféricos, siendo lo más frecuente es que
ambos estén afectados a la vez, incluso también pueden asociarse a
lesiones cervicales por latigazo. Esta sintomatología se enmarca dentro de
una cuadro de conmoción cerebral postraumática, siendo requerido el O.R.L.
al presentar el paciente síntomas auditivos y desequilibratorios, bien de
forma predominante o simplemente a asociados a la sintomatología propia de
la conmoción cerebral.
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Los órganos centrales se afectan casi
exclusivamente cuando ha habido perdida de conciencia, incluso para que
muestren un cuadro clínico significativo, ésta ha tenido que durar por lo
menos treinta minutos.
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La zona del suelo del IV y los NV son zonas
especialmente vulnerables para el equilibrio.
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Histopatología:
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El traumatismo produce unas lesiones inmediatas
primarias por efecto del impacto, como hematomas, pneumoencéfalo, etc, y a
continuación comienzan a producirse una serie de lesiones secundarias en la
masa encefálica que pueden afectar a los órganos y vías centrales del
equilibrio. Estas lesiones secundarias están constituidas por áreas de
hemorragias petequiales, edema, alteraciones metabólicas a nivel celular
con fenómenos de cromatolisis, entrada masiva de Ca en las cc y la lesión
denominada axonal difusa (diffuse axonal injuri -DAI) con formación
de esferoides y desestructuración del citoesqueleto, lo que produce
interrupción de circuitos neuronales.
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Clínica:
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Se trata en general de grandes
politraumatizados, que tras un período vitalmente crítico, más o menos
prolongado, según van recuperando su estado general, y sobre todo al
iniciar la bipedestación, comienzan a presentar sintomatología de
desequilibrio de diversas formas.
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Puede manifestarse como mareo y desequilibrio a
la marcha. Es menos frecuente que se manifieste como vértigo, asociado, o
no, a desequilibrio y mareo. También puede tratarse de vértigo posicional,
pero nunca tan intenso como el de origen periférico.
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Pueden asociarse hipoacusia y acúfenos.
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Esta sintomatología otoneurológica acompaña
a la abigarrada sintomatología postconmocional: cefalea, alteraciones
memoria, etc. que luego describiremos en el
síndrome postraumático subjetivo.
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- Exploración:
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Equilibración: pueden aparecer alteraciones
patológicas de todo de tipo en las pruebas de Romberg, índices,
Unterberger y marcha.
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Nistagmo: si no se asocia lesión periférica,
es lo más frecuente que no haya nistagmo espontáneo. En los pocos casos en
que aparece, suele ser de larga duración y puede tener estas características:
- - nistagmo de dirección cambiante o alternante y de corta
duración. Es un signo central de aparición rara y que se ha descrito casi
exclusivamente en los TCE.
- - nistagmo de la mirada excéntrica: se caracteriza porque
no tiene latencia, no se fatiga y no se abole con la fijación, siendo típico
de otras afecciones neurológicas.
- - nistagmo posicional central que no sigue los patrones del
VPPB.
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Cerebelo: su exploración, sin ser patológica,
no suele ser clara y precisa.
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Pruebas
complementarias:
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Es fundamental realizar diversas pruebas
complementarias para poder enmarcar un cuadro de desequilibrio postraumático
en este epígrafe. Estas pueden aportar criterios objetivos de valoración y
topografía de las lesiones centrales. Si estas pruebas no evidencia signos,
lo que ocurre muchas veces, nos encontramos ante un síndrome postraumático
subjetivo.
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Las pruebas complementarias son, además de
diagnósticas, un instrumento fundamental para hacer un seguimiento objetivo
de la recuperación del paciente.
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Audiometría: si hay daño en las estructuras
centrales de la audición muestra una hipoacusia neurosensorial, pérdida de
la discriminación fonética con disociación tonal-vocal. Puede referirse
dificultad para la localización espacial de los sonidos y aparición de
alucinaciones auditivas, es decir, alteraciones cualitativas de la audición
que no se plasman en el audiograma como un déficit auditivo.
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Craneocorporografía: suele aparecer el patrón
clásico de trastorno vestibuloespinal de origen central con aumento de las
oscilaciones laterales; con frecuencia aparecen también alteraciones
posturales, como desviaciones espontáneas del eje corporal; igualmente
puede aparecer el fenómeno conocido como disarmonía de Barré, que
consiste en la aparición de oscilaciones laterales a la prueba de la marcha
y una desviación lateral que sobrepasa los límites de la normalidad hacia
el lado contrario a la lesión, este cuadro es típico de lesiones
cerebelosas.
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ENG: pueden aparecer signos entremezclados de
lesiones periféricas y centrales. Puede revelar la existencia de un
nistagmo espontáneo sólo presente en la oscuridad o con los ojos cerrados
y que por tanto no ha podido ser detectado en la exploración física.
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Oculografía: generalmente las alteraciones que
pueden aparecer son muy discretas, de tal forma, que si el examen no es muy
concienzudo pueden ser pasadas por alto. Pueden aparecer disincronías en
los movimientos oculares que se hacen evidentes al ordenar movimientos
extremos de los ojos, un ojo se desplaza más rápidamente que el otro, éstas
van acompañadas de sensación vertiginosa en los movimientos oculares rápidos,
síntomas que desaparecen con el cierre de un ojo.
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Sistema sacádico: frecuente dismetría,
sacadas tanto hipo como hipermétricas.
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Seguimiento ocular: es frecuente que aparezca
un seguimiento sacádico.
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Optocinético: respuestas asimétricas,
desorganizadas y disconjugadas.
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Prueba calórica: raramente hay una asimetría
en las respuestas. Tras lesiones traumáticas, lo más característico es
que las lesiones periféricas produzcan una hiporreflexia y las lesiones
centrales una hiperreflexia uni o bilateral. Puede aparecer preponderancia
direccional del lado de la lesión, o del lado opuesto, ésta sugiere lesión
unilateral de la formación reticular pontina, o una lesión del lóbulo
temporal.
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En la prueba calórica, al igual que en el
resto de las pruebas, puede aparecer disritmia del nistagmo térmico.
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Tanto la disritmia, que es un signo de
hiperexcitabilidad, como la hiperrespuesta térmica son causadas por estar
liberados los NV de la inhibición cerebelosa.
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Prueba rotatoria: la prueba suele ser normal,
sin asimetría, o mostrar una hipovalencia global. Su interés reside en que
puede mostrar en su trazado grafoelementos de tipo central: irregularidades,
salvas de sacudidas nistágmicas, variaciones bruscas de amplitud,
inhibiciones, balanceos, pequeña escritura y disritmia. El umbral es normal
o bien con hiperreflectividad bilateral, también puede aparecer una
preponderancia direccional.
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Rx: al tratarse de lesiones microscópicas, ni
unas buenas imágenes de RM pueden aportar datos diagnósticos, excepto
cuando se han producido lesiones orgánicas.
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Evolución
y pronóstico:
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Transcurrido el período critico vital, en caso
de que el TCE haya sido importante, las lesiones de la esfera auditiva y del
equilibrio tienden a mejorar de forma espontánea hasta donde la
fisiopatología del daño lo permita, sin necesidad de una actitud activa.
La velocidad de esta recuperación es imprevisible, en unos casos es muy rápida
al ir cediendo el edema, en otros casos existen áreas más importantes de
lesión y la recuperación se va realizando por compensación central lenta,
por lo que el pronóstico de recuperación es un tanto incierto.
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Puede asociarse un componente psicológico que
retrasa la recuperación.
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- Tratamiento:
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El tratamiento del TCE, de forma inmediata, lo
realizan Neurocirujano-Intensivista, siendo requerido el O.R.L. cuando el
estado el sujeto es más favorable. Nuestra función se limita a la valoración
de las lesiones, pudiendo ser necesaria la administración de sedantes
vestibulares suaves en espera de una compensación, para comenzar, cuantos
se pueda, la rehabilitación del equilibrio central.
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SINDROME
POSTRAUMATICO SUBJETIVO.- (Síndrome postconcusión)
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Se trata de un síndrome bien definido y de
aparición constante tras un TCE. Se diferencia del cuadro anterior por no
presentar signos objetibables, siendo un trastorno evidentemente funcional y
subjetivo. Su evolución suele ser larga, permaneciendo el cuadro durante
meses, aún cuando se trate de traumatismos de escasa intensidad.
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Fisiopatología:
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Se considera producido por concusión con
afectación de centros diencefálicos. Consecuencia de la misma se produce
una supresión temporal de la función activadora que desarrolla la
sustancia reticular del tronco cerebral sobre los elementos superiores.
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Clínica:
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Cefalea:
La cefalea es común a todos los TCE. Es el síntoma más frecuente y es muy
raro que falte, soliendo tener características atípicas:
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- Neurálgica con irradiación a partir de la
zona del traumatismo, lo que hace sospechar la contusión de un filete
nervioso superficial.
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- De esfuerzo, apareciendo o aumentando tras un
esfuerzo físico o psíquico.
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- De tipo arterial semejando a crisis de migraña.
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- Desencadenada por las maniobras que afectan a
la circulación de retorno venoso: tos, defecación estornudo, etc.
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- Cefalea tensional muscular y algias cérvico-craneales.
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- Cefalea vasomotora difusa, sorda o pulsátil,
atípica, que empeora con los movimientos de cabeza, esfuerzos físicas o
intelectuales, sobrecarga acústica o visual, factores atmosféricos, etc.
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Trastorno
del equilibrio:
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Sintomatología casi constante. Se le ha
denominado "vértigo ficticio" y es considerado como un cuadro de
desequilibrio de tipo psicológico, debido a la ansiedad y depresión que
suelen desarrollar estos enfermos.
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Suele ser referido por el paciente con cierta
dificultad como un desequilibrio
posicional y a la marcha no muy intenso. A la marcha pueden
presentar sensaciones de desequilibrio con lateropulsión hacia un lado,
inestabilidad poco definida, y sensación de que el suelo no es horizontal.
Sea del tipo que sea, la sensación siempre será más frecuente en la calle
o en cualquier medio de transporte que estando tranquilo en casa.
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Es frecuente que estos pacientes desarrollen
una gran hipertonía vagal por posible lesión de los núcleos vegetativos,
que se traduce en una moderada hipersensibilidad ortostática e hipotensión.
En algunos casos poco frecuentes, pueden producirse lipotimias con pérdida
de conocimiento, simulando crisis comiciales postraumáticas.
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Hipoacusia:
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Puede presentarse una discreta hipoacusia
neurosensorial con acúfenos, debido a conmoción laberíntica asociada. Es
más frecuente que se trate de una sensación subjetiva que se acentúa en
ambiente ruidoso, siendo la audiometría normal. Estaría producida por una
disminución en la integración auditiva central. Puede asociarse una
intolerancia al ruido o una hiperacusia dolorosa.
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Acúfenos: pueden ser de todo tipo e
intensidad.
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Alteraciones
de la visión: aparición de halo en torno a los objetos, dificultad en
la convergencia y en la concentración visual sobre un punto, aparición de
líneas dobles en texto impreso y fatiga visual.
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Astenia:
tanto psíquica como física, acompañada de una alteración
de la líbido.
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Alteraciones
del intelecto: dificultad de concentración, falta de memoria para los
acontecimientos recientes, fragilidad psíquica, trastornos del carácter y
del sueño.
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Alteraciones
del apetito: Generalmente se trata de una anorexia con pérdida
importante de peso, más que de ganancia ponderal.
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Exploración:
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La exploración es decepcionante al no poder
confirmar una alteración objetiva, las exploraciones complementarias no
proporcionan datos de interés.
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EEG: en la mitad de los casos pueden aparecer
anomalías inespecíficas.
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Tests psicológicos: pueden colaborar en la
identificación y graduación del cuadro.
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Diagnóstico
diferencial.
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Con el resto de los trastornos del equilibrio
postraumáticos.
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Neurosis postraumática: cuadro muy similar que
en parte viene determinado por el estado psíquico del sujeto previo al
accidente.
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Tratamiento.-
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Los síntomas de desequilibratorios pueden
durar mucho tiempo y cuando son de tipo psicológico pueden hacerse
permanentes.
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Los trastorno del equilibrio en este síndrome
solo pueden mejorar con rehabilitación que facilite su compensación.
Cuando el estado psíquico del paciente lo aconseja se pueden administrar
ansiolíticos.
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Pasado el tiempo, si no desaparece la
sintomatología, puede ser necesario plantear cambios profesionales y en el
estilo de vida, buscando ambientes que les sean menos molestos. La evaluación
de secuelas e incapacitación es muy difícil en estos enfermos.
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CONMOCIÓN
LABERÍNTICA (commotio
labyrinthi).-
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También conocida como concusión laberíntica.
Consiste en un trastorno funcional laberíntico, debido a irritación o lesión,
que se produce tras un sacudimiento físico traumático del oído interno
sin que se produzcan signos externos de traumatismo, ni lesiones anatómicas
como fracturas, etc. El vestíbulo es más resistente a la conmoción que la
cóclea, pudiendo afectarse ambos a la vez o de forma separada, uni o
bilateralmente.
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Se trata de la lesión traumática más leve que puede sufrir el
laberinto y de mejor evolución pronóstica, pues espontáneamente va a
desaparecer.
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Se produce tras un TCE, discreto o intenso, con
o sin pérdida de conocimiento, en el que han podido producirse fracturas de
los huesos del cráneo, fractura del hueso temporal extra-laberíntica, o
ningún tipo de fractura. Nunca se considera conmoción si existe fractura
de hueso temporal afectando al laberinto, pues entonces la acción patológica
es por mecanismo directo y no por concusión. En general, las secuelas
postconmocionales son menos importantes en los casos que se acompañan de
fractura craneal, esto se atribuye al hecho de que el cráneo fracturado no
vibraría tanto.
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Lo más frecuente es que la conmoción laberíntica se manifieste
asociada a un síndrome postconmocional cerebral, si bien en otros casos
puede presentarse de forma aislada, al afectar el traumatismo de forma
directa al oído, siendo entonces el diagnóstico más sencillo. Al poder
presentarse asociados ambos tipos de conmoción, cerebral y laberíntica,
algunos textos diferencian la conmoción laberíntica verdadera, en la que
predominan los síntomas cocleovestibulares sobre los cerebrales, de la
conmoción cerebral con alteraciones vestibulares, en la que tienen más
importancia los síntomas cerebrales que los cocleovestibulares. Se la
denomina de una u otra forma, según sean los síntomas que predominen.
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También producen conmoción laberíntica los
traumatismo sonoros agudos y el blast auricular.
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Fisiopatología.
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Los mecanismos patogénicos íntimos y los daños
resultantes son mal conocidos. El impacto traumático produce vibraciones en
las paredes óseas que son transmitidas a los líquidos laberínticos dando
lugar a una onda de choque que afecta a las estructuras sensoriales, a los
vasos y a los líquidos de ambos laberintos; igualmente son afectados los órganos
centrales, tejido nervioso del tronco, cerebelo y hemisferios.
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El substrato anatómico de esta lesión reside
a nivel microscópico, tratándose de lesiones histológicas de las
estructuras neuroepiteliales, destrucción de cc ciliadas en cóclea, máculas
y crestas, y degeneración de las cc de sostén, pequeñas hemorragias
producidas en los líquidos laberínticos, colapso del sáculo y utrículo
por desgarros y lesiones peteguíales en la vaina del VIII par. La anoxia
transitoria ha sido también evocada como productora de estas lesiones.
También puede producirse hemorragia intralaberíntica importante y el órgano
de Corti puede llegar a ser destruido como consecuencia de la misma.
Posteriormente se produce un proceso de organización cicatricial,
englobando filetes nerviosos con una pérdida funcional progresiva y lenta.
Las lesiones se producen en uno o en ambos laberintos, generalmente de forma
asimétrica.
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Se produce en TCE cerrados cranéales sin
fractura ósea. En los niños pueden producirse tras TCE aparentemente
leves.
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Clínica.
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El paciente, tras un TCE en el que ha podido
haber una ligera pérdida de conocimiento, o se ha quedado groggy por la
conmoción cerebral, bien de forma inmediata, o después de unos días
(hasta 15 días), presenta un cuadro cuya intensidad puede ser desde muy
leve a muy intensa: cefalea, acúfenos, hipoacusia y vértigo-mareo.
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Hipoacusia: el déficit auditivo suele ser
discreto, primando más los síntomas equilibratorios.
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Acúfenos casi constantes, acompañandos o no
de hipoacusia.
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Trastornos del equilibrio que pueden presentar
dos formas de manifestación:
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- Como un vértigo posicional paroxístico
benigno de características periféricas. Este cuadro puede presentarse
asociado a muy diversas patologías centrales, a enfermedades degenerativas,
vasculares, tumorales, etc. y sobre todo a la cupulolitiasis y canalitiasis
estudiadas como VPPB. La causa desencadenante más frecuentemente reconocida
son los TCE, apareciendo como una secuela de los mismos, en el resto de los
casos el VPPB se considera primario. Clínicamente sé manifiesta como un
desequilibrio o un vértigo de moderada intensidad que se exacerba a la
movilidad y durante segundos, es decir, presenta una sintomatología muy
similar a las del VPPB.
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- Como un cuadro de desequilibrio centra,
manifestándose clínicamente como una sensación vaga de inestabilidad no
rotatoria, sensación de caída, sobreviniendo en forma de crisis a los
cambios posicionales cefálicos, con o sin sintomatología vegetativa. Esto
es lo que ocurre en las conmociones leves.
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Exploración
y pruebas complementarias.
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La otoscopia, normal. Puede aparecer un signo
de Müller: congestión atical y del mango, éste puede persistir tiempo y
está producido por congestión vascular timpánica, como secuela de la
conmoción.
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Hipoacusia, si la hay es perceptiva, de
intensidad variable, con escotoma en 4000 Hz. La audiometría supraliminar
puede mostrar reclutamiento positivo. En determinados casos, con fines
periciales, puede ser necesario exploración de PEATC para determinar el
umbral auditivo.
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Equilibración: lateropulsión hacia el lado
lesionado.
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Nistagmus espontáneo: puede aparecer como
espontáneo, sobre todo en los cuadros más intensos, batiendo hacia el lado
sano o hacía el menos afectado, pero también puede ser sin dirección
fija. Es frecuente que haya nistagmo posicional y sin una dirección fija.
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Calórica: lo más frecuente es que en el lado
afecto haya una hiporreflexia, más raro hiperreflexia. Siempre se produce
una intensa reacción vegetativa que llama la atención, reacción que
parece deberse más a la conmoción cerebral que a la laberíntica.
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Rotatoria: lo más frecuente es que aparezcan
signos menores de afectación central: trazado irregular, salvas,
inhibiciones y pequeña escritura. Puede aparecer reclutamiento vestibular.
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Diagnóstico
diferencial.
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Simulación.
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Neurosis traumática o hipoacusia psicógena
postraumática.
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El estudio de estos enfermos platea a veces
problemas difíciles desde el punto de vista médico legal.
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Evolución
y pronóstico.
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Los trastornos postconmocionales, al no existir
una lesión laberíntica demostrada, es lo normal que sean intensos durante
las primeras semanas y que tengan luego una resolución espontánea.
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La hipoacusia es máxima tras el traumatismo,
mejorando rápidamente en los 15 días siguientes, para permanecer luego ya
estable sin posibilidades de recuperación. Sólo excepcionalmente es
progresiva.
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La evolución normal de los trastornos del
equilibrio es que sean intensos en un primer momento atenuándose rápidamente
para ir desapareciendo espontáneamente en un período entre seis meses y
dos años. Cuando el cuadro no remite espontáneamente y evoluciona hacia
una degeneración laberíntica, siempre se ha de valorar una posible
microfractura laberíntica no visualizada en una primera exploración.
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En los casos de VPB, su resolución es del 100%
de los casos, pero pueden persistir un vértigo posicional atípico.
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El pronóstico ha de ser siempre reservado,
pues debido a los fenómenos de cicatrización, las pérdidas funcionales
pueden aparecer o incrementarse mucho tiempo después de producido el
traumatismo.
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- Tratamiento.
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Tranquilizar al paciente explicándole lo que
ha ocurrido y como poco a poco su sintomatología va a mejorar incluso
desaparecer.
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En los casos graves reposo.
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En personas de edad se pueden administrar
dextranos de bajo peso molecular si no son hipertensos o cardiópatas.
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Se pueden utilizar sedantes vestibulares suaves
y ansiolíticos en la primera etapa del proceso, luego fármacos que
faciliten la compensación.
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Aunque sin ningún fundamento experimental, se
suele añadir complejo vitamínico B, que no ha demostrado científicamente
su eficacia.
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La parte fundamental del tratamiento es la
rehabilitación del equilibrio.
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Si el cuadro persiste y es invalidante, puede
plantearse la neurectomía vestibular.
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OTROS
TRASTORNOS DEL EQUILIBRIO POSTRAUMATICOS.
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- Síndrome
de Ménière postraumático:
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Tras un TCE pueden comenzar a aparecer crisis típicas
de Ménière de forma inmediata o tardía, incluso pasado un año.
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Fisiopatológicamente se cree que es debido a
hemorragias producidas en el oído interno, que dejarían como secuela, una
alteración en transporte de los fluidos del mismo.
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La probabilidad de que estas crisis sean
debidas al traumatismo está en función de la intensidad del
mismo y a la preexistencia de condiciones favorables al desarrollo
del Ménière. Es menos
probable que aparezcan cuanto más tiempo haya trascurrido desde el TCE.
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El diagnóstico de correlación entre
traumatismo y Ménière tiene implicaciones de tipo legal.
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Vértigo
migrañoso:
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Tras los TCE son frecuentes los vértigos y las
cefaleas. En esta situación es difícil determinar si ambos síntomas
guardan relación o son coincidentes.
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Vértigo
epiléptico:
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La lesión del lóbulo temporal como
consecuencia del TCE puede dar lugar a este cuadro pasados meses o años,
cuando el foco de conmoción cerebral se trasforma en una cicatriz
fibroglial.
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VERTIGO
REFLEXOGENO POSTRAUMATICO.
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Se trata de un cuadro raro y no bien
documentado.
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Como una secuela postraumática laberíntica o
cicatricial de fístulas de las ventanas, puede producirse una fibrosis en
el vestíbulo, entre la platina y la pared del utrículo.
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En esta situación contracciones reflejas del
tendón del tensor del tímpano pueden producir vértigo y signo de
Hennebert (signo de la fístula sin fístula con tímpano cerrado). Estas
contracciones determinan estimulación utricular a través de las bandas
fibrosas cicatriciales que unen el utrículo y la platina.
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Su tratamiento es la sección del tendón
tensor timpani.
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Índice del tema
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