AUDIOMETRÍA

     
 

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  Tema 06.2ª PRUEBAS FUNCIONALES DEL ÓRGANO AUDITIVO
     
Dr. Jesús García Ruiz    
     
06.2ª.01   INTRODUCCIÓN A LA AUDIOMETRÍA
 
 
   El sonido.
   Campo auditivo normal.
   Audiometría.
 
   La Audiología es la ciencia de la audición. El sentido de la audición precisa de dos elementos, el estímulo que es el sonido, y el receptor-sensitivo que es el sistema auditivo.
   Desde el comienzo de la otología la exploración de la capacidad auditiva ha ido experimentando notables cambios. Las primeras exploraciones de la audición consistieron en la acumetría fónica y la acumetría instrumental. La llegada de la electricidad supuso un gran avance para la audio logia pues permitió el desarrollo de las pruebas audiométricas electrónicas que son instrumentos fundamentales para realizar los diagnósticos. La audiometría electrónica permite cifrar las pérdidas auditivas y determina la magnitud de éstas en relación con las vibraciones acústicas (valoración cuantitativa de la audición). Además permite al audiólogo realizar una localización del trastorno auditivo (valoración diagnóstica).
   La evaluación audiológica del paciente con daño auditivo debe de considerar el tipo y grado de daño, su etiología y la incapacidad resultante. El audiólogo participa en todos los aspectos de esta evaluación y luego en la educación y rehabilitación del sordo.
 
 
   EL SONIDO.
   El sonido es el estimulo específico del órgano auditivo. Los ruidos de la vida diaria están constituidos por un conjunto más o menos complejo de sonidos puros.
   Como se expone ampliamente en el <tema 84.1ª>, el sonido físicamente es una sacudida elástica de los elementos del medio por el que se propaga, pudiendo ser éste, gas, líquido o sólido. Esta sacudida produce un movimiento oscilante de partículas materiales alrededor de su posición normal de equilibrio o de reposo. Produce una rarefacción y compresión alternante de las partículas del medio. Este movimiento oscilante es elástico y comparable al de la superficie del agua ondulante, formando una onda sinusoidal que se traduce groseramente en el plano fisiológico por dos cualidades sensoriales:
-          Altura: traduce la frecuencia de las vibraciones: vibraciones dobles (VD) o ciclos (c/seg. o hercio).
-          Sonoridad, o sonia, es la relación intensidad-sensación. Esta cualidad del sonido está en función de la intensidad física, es decir, traduce la amplitud de las vibraciones.
 
   Un sonido puede representarse por una gráfica cuyas coordenadas corresponder a la frecuencia en abscisas y a la intensidad en ordenadas. Conociendo el valor de la intensidad del sonido y conociendo la relación entre intensidad y sensación, se puede determinar la magnitud de la audición. Para la valoración de estos dos parámetros se utilizan las unidades de medida que a continuación expondremos.
   El fenómeno de la audición, como otras sensaciones, está regido por la ley psicofísica de Weber-Fechner, que se resume así: la sensación crece en progresión aritmética cuando la excitación crece en progresión geométrica, es decir que la sensación crece como el logaritmo de la excitación medido en unidades físicas (en la audición la intensidad aumenta en progresión geométrica, mientras que la percepción auditiva aumenta en progresión aritmética). Por esto las unidades que se han elegido para valorar y objetivar los parámetros de intensidad y altura de la sensación auditiva son unidades logarítmicas:
-          La octava para las frecuencias.
-          El decibelio para la intensidad.
   Desde el momento en que se intentó medir la audición se hubo de establecer un patrón para determinar el grado de agudeza o pérdida auditiva contado en unidades, después se buscó la forma de anotarlo en un gráfico para facilitar la comprensión. La parte mas complicada del problema fue encontrar las unidades de medida.
 
Unidad de altura: frecuencia.
   La unidad física de altura es la vibración doble, ciclo o período por segundo, o Hertz, es decir, la frecuencia. La frecuencia es la velocidad a la que se produce la compresión y rarefacción de las partículas del medio en un sonido determinado. A una compresión y rarefacción simple se denomina ciclo y la frecuencia es el número de ciclos en la unidad de tiempo.
   La unidad audiométrica escogida es la octava que objetiva bastante bien los crecimientos de sensación de altura por parte de la audición humana. Según la ley de Weber, la octava está relacionada con la VD/segundo mediante una relación logarítmica, es decir, que la sensación de altura crece como el logaritmo de la frecuencia.
 
Unidad de intensidad.
   La unidad de intensidad física es el watt acústico por centímetro cuadrado. La magnitud de referencia escogida corresponde a la intensidad necesaria para obtener el umbral normal de audición binaural en las frecuencias de 1000 Hz. Corresponde a: Io = 10 -16  W / cm²  y es válida para todas las frecuencias.
   Podría determinarse el nivel de intensidad I de un sonido por la relación  I / I0 ; pero esta relación varía en unas proporciones enormes según la intensidad que se considere, así a una intensidad máxima en el umbral del dolor sería del orden de 10¹² para la frecuencia de 1000 Hz. Es por esto que se ha cifrado este valor de intensidad por una unidad logarítmica que se adapta mejor a las propiedades del oído, y que responde mejor a la ley Weber-Fechner. La unidad audiométrica adoptada es el decibelio, que es la décima parte del bel, expresada por la relación:
 
 
   Para acomodarlo a las medidas físicas, el decibelio está  mejor expresado por el logaritmo de la relación P / P0 que de la relación I / I0, ya que se trata de la relación de dos presiones acústicas.
   Este valor de l de la presión acústica de base P0, constituye la magnitud de referencia para todas las frecuencias y corresponde al cero decibelio absoluto definido por la ISO en 1965.
   Cuando se dice que un sonido es de n dB, se sobreentiende que es n dB por encima del sonido de referencia, es decir, del cero decibelio absoluto. El decibelio traducido a unidades físicas, varía considerablemente dependiendo de la frecuencia y de la intensidad del sonido. Es por tanto una unidad fisiológica más que una unidad física. Todas las mediciones se efectúan por comparación con una intensidad 0 dB que corresponde a 10 a la -16 vatios / cm o lo que es igual a 0´000204 dinas/ cm² y que es un valor que se encuentra justamente en el umbral auditivo del promedio de las personas normo oyentes, es decir que 0 dB corresponde a la mínima cantidad de sonido capaz de estimular el oído en la frecuencia de 1000 Hz. El decibelio equivale a 0´1 bel. En la práctica audiológica el bel resulta demasiado grande y por ello se emplea su décima parte, el decibel. Se denomina bel en memoria del inventor del teléfono, Graham Bell.
 
 
El cero relativo: decibelios de pérdida.
   En la práctica audiométrica, al realizar mediciones de la audición, la pérdida auditiva se mide en decibelios con relación a un sujeto normal tomado como nivel de referencia.
   El valor de la presión acústica necesaria para obtener el umbral auditivo para una frecuencia dada corresponde al cero decibelio relativo. Esta presión P1 es variable según las frecuencias, es decir no es la misma P para tordas las frecuencias. Esta diferente sensibilidad del oído humano para las diferentes frecuencias del sonido es un fenómeno cuyo conocimiento es fundamental para la medición de la audición.
   Si para la frecuencia 1000 Hz, P1 corresponde a P0, para otras frecuencias más graves o mucho más agudas la sensibilidad del oído es mucho menor y por tanto la presión acústica P1 con la que será necesario entonces estimular para alcanzar el umbral auditivo de una persona normal ha de ser mucho más elevado.
   El cero relativo no coincide por tanto con el cero absoluto más que en la frecuencia 1000 Hz.
   Si un sujeto presenta para una frecuencia dada una pérdida auditiva, es decir, una elevación de su umbral, la presión acústica P2 necesaria para obtener este umbral será superior a la P1 correspondiente al umbral del sujeto normal. Se dice que, para la frecuencia considerada, el sujeto tiene n dB de pérdida. Por tanto, la sensibilidad del sistema auditivo no es independiente de la frecuencia; por el contrario, dos sonidos de igual presión sonora pueden provocar distintas sensaciones de intensidad o "sonoridad", dependiendo de su frecuencia.
 
 
CAMPO AUDITIVO NORMAL.
   El ser humano es capaz de detectar únicamente aquellos sonidos que se encuentren dentro de un determinado rango de amplitudes y frecuencias: rango dinámico.
   El umbral de audibilidad mínimo: cuando al escuchar un sonido de una frecuencia determinada con una intensidad creciente a partir de 0 dB, llega un momento en el que el oído comienza a percibir el sonido, esa intensidad de sonido en esa frecuencia determinada es con liderado como umbral mínimo de audición.
   Umbral de audibilidad máxima: cuando se va sobrepasando la sensación auditiva, llega un punto de intensidad muy elevada que se percibe en forma de molestia o dolor.
 
   Gráfica de base.
   Los valores de audición se representan mediante un gráfico denominado audiograma, en el que corresponden las abscisas a las frecuencias y las ordenadas a las intensidades.
   En la práctica existen dos clases de gráficas: la gráfica de base, cuyo cero es el cero absoluto, y la gráfica clínica, basada en el cero relativo.
   A la gráfica de base en algunas publicaciones se la denomina todavía gráfica de Wegel. Si se hace oír a un sujeto un sonido de una determinada frecuencia con una intensidad creciente a partir del cero absoluto, nivel de referencia 0 dB = 2 x 10­5 pascal, llega un momento en que el oído comienza a percibir el sonido: es el umbral de audibilidad mínima. Amplificando más la intensidad se llega al umbral del dolor, que es el umbral de audibilidad máxima, a partir del cual la vibración acústica no es percibida en forma de sonido, sino de dolor.
   Repitiendo la misma experiencia en toda la escala tonal, e inscribiendo los resultados en una gráfica donde se ponen en abscisas las octavas y en ordenadas los decibelios se obtiene:
 
-    La curva de umbral de audibilidad mínima, que es casi parabólica, con una zona óptima para las frecuencias 1000 a 2000 Hz, la curva se eleva en sus dos extremos. El umbral de audibilidad, representa la sensibilidad del aparato auditivo, es decir, el valor mínimo de presión sonora que debe tener un tono para que éste sea apenas perceptible. Esta sensibilidad depende de la frecuencia de la señal sonora; a modo de ejemplo, un tono de 1000 Hz y 20 dB será audible (está por encima de la curva), mientras que un tono de 50 Hz e igual intensidad no es audible (está por debajo de la curva).
 
-    Curva de audibilidad máxima, es igualmente casi parabólica, tiene concavidad inferior, con una zona óptima para las frecuencias 1000 y 2000 Hz. En los dos extremos la curva desciende, reuniéndose con la curva de umbral máximo en las frecuencias 16 Hz por los graves y 18000 por los agudos. Este extremo inferior de la curva está dado por el umbral de dolor, el cual define las presiones sonoras máximas que puede soportar el oído. Más abajo de este nivel, se encuentra el límite de riesgo de daño para la cóclea, el cual representa un umbral de presión sonora que no debe sobrepasarse por más de un cierto período de tiempo (ocho horas diarias por día laboral), o de lo contrario puede producirse una pérdida de sensibilidad auditiva permanente.
 
   Estas dos curvas delimitan una superficie correspondiente al campo auditivo normal. Toda vibración acústica cuya representación gráfica está situada por fuera de este campo no es percibida por el oído humano. Si la frecuencia es demasiado baja, por debajo de los 16 Hz, se denomina infrasonido, si la frecuencia es más alta de los 16000 Hz se trata de ultrasonido.
   Para establecer este campo auditivo normal se ha hecho la media de las respuestas dadas por un gran número de sujetos considerados con audición normal y se ha obtenido la superficie indicada en la figura de arriba.
 
   En el gráfico de Wegel, dentro de la elipse que circunscribe el campo auditivo normal, se puede observar una zona hipersensible, mediana entre 500 y 3000 Hz, donde la anchura en el eje de las intensidades es máxima, yendo en ésta la intensidad desde 0 dB hasta alrededor de 140 dB. Cuanto más se aleja de esta zona, sea bien hacia los graves, o bien hacia los agudos, más estrecha es la zona audible. El rango de frecuencias asignado convencionalmente al sistema auditivo va desde los 20 Hz hasta los 20 kHz. Este rango puede variar de un sujeto a otro, disminuir en función de la edad del sujeto, de trastornos auditivos, o por una pérdida de sensibilidad (temporal o permanente) debida a la exposición a sonidos de elevada intensidad.
 
 
 
Zona conversacional.
   La palabra humana está constituida por un conjunto de múltiples ruidos, o unión de diversos sonidos puros de frecuenta determinada y transitoria.
   La zona conversacional es la banda de frecuencia emitida en el momento de la palabra. Coincide con la zona hipersensible del campo auditivo y se extiende desde alrededor de la frecuencia 250 hasta la frecuencia 4000 con un máximo de utilización de las frecuencia medianas de 1000 a 2000.
   La palabra es emitida habitualmente a una intensidad entre 30 y 70 dB.
   La existencia de la zona conversacional explica que la acumetría fónica, o la audiometría vocal, no pueden interrogar el campo auditivo en su totalidad, sino sólo las frecuencias medias. Otra consecuencia práctica a tener en cuenta es que la pérdida en decibelios comienza a tener importancia social entre los 30 y 70 dB.
 
   Gráfica clínica: audiograma.
   En la exploración auditiva puede utilizarse la gráfica de base, o de Wegel, para transcribir los resultados de la exploración, siendo comparada la curva de umbral mínimo obtenida con la curva de umbral mínimo normal. Pero esta grafica es bastante difícil de leer y no permite valorar de un simple vistazo una pérdida auditiva. Esta es la causa por la que esta gráfica ha sido sustituida por las gráficas llamadas clínicas que reflejan la pérdida de audición en relación con el umbral normal, es decir, en relación con un cero diferente para cada frecuencia que se denomina cero relativo.
   En la graficas o audiogramas clínicos, el eje de abscisas está graduado en octavas, de la misma forma que lo está en la gráfica de Wegel. El eje de las ordenadas, vertical, mide decibelios en relación con el umbral normal, es decir, la pérdida de audición. Para cada frecuencia interrogada la cifra obtenida a nivel del umbral mínimo del paciente no es la intensidad en relación con el cero decibelio absoluto, sino la diferencia entre esta intensidad y el umbral normal, es decir la pérdida auditiva en decibelios.
   La gráfica clínica presenta muchas ventajas con respecto a la de Wegel: permite de un simple vistazo y sin ningún esfuerzo de atención, observar cuales son las zonas, grave, media o aguda con déficit auditivo, así como el nivel medio de la pérdida auditiva. Los audiómetros modernos están concebidos de tal manera que el trazado del audiograma de tipo clínico no necesita ningún cálculo. Para cada frecuencia la intensidad cero corresponde al umbral normal de audición en dicha frecuencia y significa 0 dB de pérdida auditiva. Cuando hay pérdida de audición se puede apreciar el grado del umbral patológico en el momento y directamente sobre el audiograma. El campo aditivo normal no tiene en el audiograma clínico la misma forma que el de Wegel, ya que el umbral de audibilidad mínima en el audiograma clínico es una recta intitulada en cero decibelios, es decir, cero decibelios de pérdida. El umbral de audibilidad máxima es casi una parábola de concavidad superior.
   En la audiometría clínica, como luego se expone, sólo se interrogan las octavas 125, 5000, 1000, 2000, 4000 y 8000 Hz. En cuanto a la intensidad, los audiómetros comerciales no pueden alcanzar intensidades superiores a los 110 ó 120 dB en relación al cero de la gráfica clínica y algunos sólo alcanzan esta intensidad en la frecuencia 1000 Hz.
 
Umbral de audibilidad mínimo.
   La sensibilidad del aparato auditivo puede variar considerablemente de un sujeto a otro; además, como se verá más adelante, puede cambiar según las condiciones de propagación del sonido. Por esta razón, resulta conveniente definir un umbral de audibilidad promedio, también llamado mínimo campo audible promedio; éste se representa mediante una curva que indica la presión sonora de un tono puro de larga duración (> 200 ms), el cual se propaga en condiciones de campo libre y en ausencia de cualquier otro sonido, y que puede ser detectado por el 50% de una población de sujetos jóvenes (entre 18 y 25 años) y audiológicamente normales.
   Una gran parte del examen audiométrico esta basada en este concepto de umbral de audición, especialmente y como tal, la audiometría tonal liminar de tonos puros. El examen se hace con tonos puros y con unas intensidades mínimas en torno al umbral de audición. Los tonos puros no existen en el medio sonoro habitual de la vida diaria, por lo que el hombre no está acostumbrado a oírlos, esto hace que a algunos sujetos les cueste reconocerlos. La identificación de estos sonidos está además en función de la atención, fatiga, ruido ambiente, etc.
   Se ha de tener en cuenta, que a tenor de la situación y de los medios de exploración, el umbral auditivo no es un límite neto y limpio por debajo del cual no hay ninguna percepción sonora. Este nivel no es tampoco preciso, ya que, en realidad, el umbral es una cantidad, es decir un cuanto. Como se ha explicado más arriba, en las curvas de audibilidad, en el momento en que se empieza a estimular un oído a partir de intensidades infraliminares, llega un momento en que el oído detecta el sonido estímulo pudiendo sentirlo como un sonido continuo, o una sensación interrumpida e irregular, de la cual no puede reconocer la frecuencia. Es necesario aumentar la intensidad del sonido a 5 dB por encima de esta primera sensación para llegar a un nivel de sonido continuo que representa el umbral verdadero. Según esto se puede diferenciar entre un umbral de detectabilidad y un umbral de audibilidad, distantes entre sí ambos 5 dB, más o menos. La noción de umbral es por tanto un concepto confuso en todos sus aspectos, y sobre esta noción confusa pretendemos basar un examen exacto. Por tanto, se ha de tener siempre presente la fragilidad del valor psicofisiológico del umbral, si se quiere practicar la audiometría de manera rápida y con la máxima certeza.
   A tenor de estos conceptos, se ha podido comprobar que al realizar la exploración del umbral hay una diferencia de dispersión en los valores de los umbrales obtenidos en las diferentes frecuencias, según que la exploración se realice pasando de los sonidos infraliminares hacia los supraliminares, o a la inversa. Está científicamente comprobado, que si se pretende hacer un examen audiométrico muy minucioso, es mejor proceder de abajo a arriba, es decir desde los sonidos infraliminares hacia los supraliminares, ya que hay menos dispersión.
   No obstante, si se quiere ir rápido y con una exactitud clínica suficiente, pude hacerse la prueba de arriba abajo, desde los sonidos supraliminares hacia los infraliminares. Las primeras respuestas obtenidas por este sistema son las más válidas y deben ser tomadas en consideración, ya que con este sistema en los valores cercanos al umbral las respuestas a menudo serán bastante imprecisas.
 
 
Insuficiencia de las unidades y de los gráficos utilizados.
   Los gráficos, o audiogramas clínicos, presentan numerosas imperfecciones debidas a las unidades utilizadas, octavas y decibelios, ya que una curva de umbral tal como se representa, no objetiva de manera válida el perfil de la pérdida fisiológica real. Esto es debido a la insuficiencia de las unidades, o más exactamente a que la ley de Weber-Fechner, en la cual se apoyan, no es rigurosa ni en lo que concierne a la altura ni en lo que concierne a la intensidad.
 
-    Unidad de altura.
   La unidad logarítmica utilizada, la octava, es bastante inexacta, siendo la causa por la que ciertos autores la sustituyeron por el mel, unidad fisiológica de la sensación del sonido. Por definición 1000 mel coinciden con 1000 Hz. Pero a partir de este valor, por encima y por debajo, los contrastes son muy apreciables. No obstante la octava se ha seguido considerando suficiente ya que no da origen a falsas interpretaciones de un audiograma, siendo por ello que persiste como base de la escala de frecuencias.
 
-    Unidad de intensidad.
   No ocurre como con la unidad anterior. Numerosas observaciones audiométricas parecen estar en contradicción aparente con el examen acumétrico y con la anamnesis audiológica. A menudo un paciente explica que oye mejor los sonidos agudos, la voz de su mujer o de los niños, que las voces de hombre, la acumetría revela una sordera de predominio en los graves y, por tanto, el examen de audiometría liminar muestra una curva horizontal, o incluso ligeramente inclinada sobre los agudos; esta gráfica audiométrica hace pensar al explorador no advertido que el paciente está igualmente sordo en todas las frecuencias, o incluso ligeramente más sordo en los agudos que en los graves. Esta conclusión está en contradicción con la anamnesis y con la acumetría.
   Esto se explica por la insuficiencia del decibelio. La ley de Weber-Fechner sólo se puede aplicar rigurosamente en las frecuencias en torno a los 1000 Hz, pero para los dos extremos del campo auditivo, y especialmente para los graves, es defectuosa. Así por ejemplo 40 dB de déficit en las frecuencias graves representa un déficit mucho más importante que 40 dB de déficit en 1000 o 2000 Hz y una curva horizontal a 40 dB de umbral promedio en todas las octavas es signo de una sordera de predominio en las frecuencias graves.
   Para paliar este problema y facilitar la interpretación, se ha buscado sustituir el decibelio, que repetimos es una unidad logarítmica, por otras unidades que objetiven mejor los crecimientos de intensidad sonora como son el fon o el son. A pesar de que ambas unidades de medida facilitarían la lectura gráfica de la audición, resulta imposible adoptar estas medidas en la clínica ya que todos los audiómetros están graduados en decibelios.
 
-    El fon.
   Es una unidad de dimensión utilizada para caracterizar el nivel de isosonía de un ruido, es decir, la sensación de volumen: percepción auditiva relacionada con la potencia con la que es oído un tono. El fon es por definición una intensidad subjetivamente igual al decibelio en la frecuencia 1024, y sólo en esta frecuencia el fon es igual al decibelio. Esta sensación de volumen de un sonido varía con la frecuencia estudiada. En los graves es netamente inferior, así 40 dB son 40 fones para la frecuencia 1024, pero 40 dB son 50 fones para la frecuencia 256.
   Si se inscribe la pérdida en un gráfico cuyas ordenadas no estén graduadas en decibelios, sino en fones, una perdida uniforme de 40 dB en todas las frecuencias se traduce por una curva inclinada hacia los graves, lo que se ajusta más a la realidad y hace que la representación gráfica sea más acorde con la realidad clínica y acumétrica.
 
-    El son.
   El fon no es de por si absolutamente fisiológico, ya que esta basado en la noción de igualar la intensidad sonora de la frecuencia 1000 Hz a una unidad física, el decibelio. Un son es la sensación de intensidad producida por un sonido de 1000 Hz a una potencia de 40 dB por encima del umbral. El son es una unidad basada en procedimientos más directos e intuitivos, tanto para las curvas de igual sensación sonora, cualquiera que sea la frecuencia, como para las de diferentes intensidades.
 
-    La gráfica en porcentajes.
   Hennenbert creó un grafico graduado en ordenadas en porcentaje de pérdida auditiva, en relación con la diferencia entre el umbral mínimo y el umbral máximo de la frecuencia considerada. Es decir, que pone paralela a la línea de umbral la curva de audición máxima. Hecho esto, las líneas de decibelios se incurvan hacia abajo en su extremidad. Este gráfico se aproxima al gráfico transcrito en fones. Así por ejemplo, la curva de una pérdida uniforme en 40 dB se inclina hacia los graves.
 
   Estas unidades y este audiograma tienen un objetivo común, el de paliar la insuficiencia del decibelio y la de facilitar la interpretación del audiograma, haciendo la inclinación de las curvas más conforme con la sensación auditiva.
   Desgraciadamente su utilización es difícil, ya que se precisan unas gráficas en las cuales se encuentren las curvas de decibelios, pues todos los aparatos comerciales están graduados en decibelios. Además, al no ser utilizadas universalmente, su empleo corre peligro de crear confusiones entre los diferentes profesionales, por lo que en el momento actual lo universalmente admitido y utilizado es el audiograma clínico graduado en octavas de frecuencia y decibelios.
   A pesar de que se esté utilizando el audiograma clínico, es necesario tener siempre presente, en mente, que la misma pérdida en decibelios en las frecuencias graves y medias es en realidad una hipoacusia de predominio en graves, lo cual muchas veces puede ser objetivado por la anamnesis y la acumetría. Si no se tiene esto presente, es posible que la interpretación del audiograma no sea la correcta.
 
 
AUDIOMETRÍA.
   Es la parte de la Audiología dedicada a la medición y valoración de la audición humana. Tienen por objeto determinar la audición en relación con los estímulos acústicos aplicados.
 
Tipos de audiometría.
   La audiometría se componen de múltiples pruebas, unas elementales para evaluar perturbaciones más simples y otras más complejas o test más especiales, utilizados para poner de relieve perturbaciones de mecanismos más complicados. Para realizar las exploraciones audiométricas se utilizan tres elementos acústicos muy dispares: sonidos puros, ruidos y palabras.
   En función de la participación del paciente testado, las pruebas audiométricas se pueden agrupar en:
-    Pruebas subjetivas en las que el sujeto colabora activamente en el estudio. Es el paciente quien informa o responde, a petición del explorador, de sus percepciones ante los estímulos utilizados.
   Las pruebas subjetivas son: acumetría, audiometría tonal liminar, que es el test más simple, audiometría de alta frecuencia, la audiometría de Békésy, la audiometría supraliminar, la audiometría lúdica y la logoaudiometría.
    Pruebas objetivas en la que no se precisa una participación activa del sujeto examinado sino solamente su colaboración pasiva.
   Son pruebas objetivas: la impedanciometría, las emisiones otoacústicas y los potenciales evocados auditivos.
-    Pruebas semiobjetivas utilizadas en la audiometría infantil que valora respuestas reflejas y conductuales  del niño explorado.
 
   Vías de la audición.
   El sonido puede estimular el órgano auditivo por vía aérea y por vía ósea.
   La audición por vía aérea se logra después de que el sonido alcance el oído por conducción aérea a través del CAE, siendo la vía de estímulo comúnmente utilizada.
   La conducción por vía ósea se establece cuando el impulso sonoro alcanza el oído por conducción ósea a través el hueso craneal.
 
Objetivos de la audiometría.
-    Medir la capacidad auditiva mediante el conocimiento del umbral auditivo, entendiendo como tal el mínimo nivel auditivo en el que se observa una respuesta a los estímulos en más del 50% de las veces. Se expresa cualitativamente den decibelios. A tenor del umbral, se valora la audición en normal o hipoacusia que puede ser leve, moderada, severa o profunda y cofosis.
-    Valoración del grado de la hipoacusia: evaluación del handicap.
-    Topodiagnóstico: localización del origen de la hipoacusia permitiendo clasificarla en: transmisiva, neurosensorial y mixta.
-    Permite investigar el grado de repercusión lingüística y social de la hipoacusia.
-    Orientación terapéutica: consejo médico, quirúrgico y/o protésico.
-    Valoración evolutiva.
-    Peritajes médico legales e incapacidades.
 

 

 

 

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