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SISTEMA DEL EQUILIBRIO
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- TEMA
5.1º – FISIOLOGÍA DEL SISTEMA DEL EQUILIBRIO
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- Dr.
Jesús Gª Ruiz.
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- 5.1º. 1 INTRODUCCIÓN.
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El EQUILIBRIO es una actividad refleja
mediante la cual el ser humano puede mantener su postura corporal con respecto
a la gravedad y al medio inercial, sin caer, tanto en reposo como en
movimiento (estático o dinámico), y de esta forma puede percibir el entorno
teniendo la impresión de estar estable y seguro.
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Por
tanto el equilibrio conlleva un componente físico (estar estable) y un
componente psíquico (sentirse estable). Mediante el componente psíquico se
tiene conciencia de la posición que se ocupa en el espacio y del discurrir del
tiempo, es lo que se ha denominado sexto sentido o sentido TEMPORO-ESPACIAL.
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El
desarrollo del componente espacial de este sexto sentido, es decir la
orientación espacial, es tan necesaria para el mantenimiento del equilibrio
como el componente físico que mantiene el cuerpo estable en reposo y al
moverse. Orientación y equilibrio están íntimamente relacionados. La
orientación espacial nos hace percibir y relacionarnos con nuestro entorno
(locomoción) y es además necesaria para tener una sensación consciente e
inconsciente de estar estable.
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Normalmente se habla de sentido del equilibrio, pero no es un término
correcto, ya que no tenemos sensación consciente del mismo. Lo que sí que
podemos tener, es sensación de lo contrario, es decir, de desequilibrio,
cuando el sentido espacial está alterado.
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Físicamente entendemos por equilibrio el estado en que se encuentra un cuerpo
sometido a fuerzas opuestas que se contrarrestan exactamente.
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Todos
los seres vivos se encuentran sometidos a la fuerza constante de la gravedad
que los sujeta a la superficie de la tierra. Esta fuerza ha forzado en la
escala animal a la creación de un sistema para luchar contra ella y poder
mantener un equilibrio estático y dinámico. Este sistema es tanto más complejo
cuanto menor es la base de sustentación de un cuerpo y más elevado está el
centro de gravedad con arreglo a esa base. Cumplir esta función no es tarea
fácil en el hombre, ya que su base de sustentación es muy pequeña (planta de
los píes) y el centro de gravedad de su cuerpo está situado muy alto con
relación a la base de sustentación. Por esto el hombre es un animal pésimo
para mantener el equilibrio estático y óptimo para el dinámico, ya que, si
bien la pobre relación base-centro de gravedad facilita la caída, también
facilita el movimiento.
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A esta
dificultad que tiene el hombre para mantener el centro de gravedad dentro de
su pequeña base de sustentación, pueden añadirse otras fuerzas no
gravitatorias que tienden a desequilibrarlo: suelo irregular, obesidad, fuerza
externas, etc.
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Estos
fenómenos físicos nos hacen comprender como una de las grandes conquistas
filogenéticas del hombre es la verticalización como postura básica y dinámica:
puede trasladarse de pie manteniendo la posición de la cabeza y la mirada, y
le permite disponer libremente de sus extremidades anteriores.
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El ser
humano va adquiriendo su capacidad para mantener el equilibrio mediante un
aprendizaje motor. A través de este proceso se adquieren multitud de patrones,
modelos y mecanismos para reajustar refléjamente y con precisión la actividad
muscular en cada momento, de forma que el cuerpo esté equilibrado. Al ser
fruto de un aprendizaje el control del equilibrio varía ampliamente entre
personas sanas.
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La
función equilibrio puede ser subdividida en dos subfunciones:
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El control postural: mantiene una posición espacial del cuerpo
y sus segmentos correcta y acorde con el entorno, en reposo y movimiento.
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El control de la actividad oculomotriz: garantiza la
orientación espacial visual, manteniendo la fijación ocular sobre un objetivo
o campo visual cuando se mueve el cuerpo o la cabeza.
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En la
función equilibrio interviene todo el sistema nervioso y osteomuscular el
cuerpo. El sistema nervioso como dispone de complejos mecanismos en los que
intervienen múltiples componentes que funcionalmente podemos agruparlos en
tres partes:
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Una parte
sensorial,
o informadora, que capta toda la información corporal periférica e interna que
hace referencia con el equilibrio. No está compuesta por un receptor único
como ocurre en los demás sentidos clásicos, sino por tres: vestibular, vista y
sensibilidad. Para tener una orientación espacial óptima se requiere
información de todos los sentidos. Cada uno de estos tres sistemas sensoriales
tiene una función específica y la pérdida o fallo en uno de ellos reduce la
capacidad de orientación, pero no hace que se llegue a perderse, pues entre
ellos compensan sus funciones.
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Otra
coordinadora-rectora-integradora,
que recibe toda la información que le proporciona la parte sensorial, la
analiza e integra. Está formada por los centros del SNC con función
equilibratoria: NV, tronco encéfalo, cerebelo, sustancia reticular y córtex,
que emiten respuestas reflejas a los músculos posturales para el mantenimiento
del equilibrio, a tenor de las sensaciones recibidas.
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Una tercera terminal, o
motora,
compuesta por el sistema musculoesquelético, que materializa las respuestas
posturales trasmitidas por impulsos nerviosos básicamente de tipo reflejo.
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Los
elementos anatómicos que intervienen en el equilibrio funcionan como un todo
armónico mediante una intrincada red de circuitos funcionales, que de forma
refleja e inconsciente, realiza la función de sentirnos orientados
temporoespacialmente y de mantener en equilibrio nuestro cuerpo, tanto
estáticamente como en movimiento. Estos circuitos se comportan funcionalmente
como circuitos biocibernéticos retroactivos de autocontrol.
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Estos
sistemas de autocontrol rigen el mantenimiento de una determinada actitud del
cuerpo, estática y dinámicamente, corrigen errores involuntarios, coordinan
las distintas reacciones de reajuste del equilibrio y al mismo tiempo informan
a nuestra inteligencia a cerca de la relación que los distintos segmentos
corporales guardan entre sí y de nuestra orientación en el espacio.
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La
fisiología del equilibrio se materializa finalmente en el mantenimiento y
regulación del tono muscular básico que es en definitiva el que mantiene el
cuerpo en equilibrio en condiciones de reposo. En condiciones de movimiento o
ante la aparición de fuerzas desequilibratorias, aparecen reflejos
modificadores del tono básico y acciones motrices voluntarias.
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También
otros sentidos, como oído y olfato, aunque de forma indirecta, ayudan a la
formación de la conciencia témporo-espacial, captando información exterior y
enviándola a los centros superiores para su codificación e integración con el
resto de la información.
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El
correcto funcionamiento de este sistema precisa además de la ayuda de una
serie de procesos metabólicos, hormonales e inmunológicos: consumo de energía,
conversión de energía mecánica en nerviosa, mantenimiento de gradientes
iónicos, etc., procesos que son mediados por factores bioquímicos.
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Esto a
su vez, supone que estén implicados en el correcto funcionamiento del
equilibrio órganos como el riñón, el hígado, el tiroides, las glándulas
adrenogenitales, la pituitaria y el hipotálamo.
- El
estudio de la fisiología del equilibrio es todavía un campo de investigación
inagotable.
- (IMAGEN)
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